"Menos mal que existen los que no tienen nada que perder, ni siquiera la historia."

#MeNeither


   Un personaje que probablemente representa a una mujer, se nos muestra desnuda y sonriente con el solo escondite de un antifaz amarillo y un sombrero. Con una de sus manos señala a otras manos-que a mí me parecen estratégicamente ubicadas para cubrirle sus partes pudendas-jugando al "piedra-papel-tijera" por delante de ella ; casualmente o no tanto, tales manos tienen los colores de tres partidos políticos. La segunda mano de la supuesta moza hace una peineta digna del mejor Bárcenas. 155 sombras, se titula el dibujo que pretende ser un anuncio para carnaval.Se me ha ocurrido opinar que no entendía el exceso de escándalo y, menos aún, que una ministra que ha reducido drásticamente su atención a la ley de igualdad se permita opinar sobre un asunto municipal como un concurso de carteles en los términos en que o ha hecho. Ya se imaginará quien lee, se me han echado encima con argumentos del tipo de "sierva del opresor" "tío con défitit de encuentros sexuales" y otras maravillas de la dialéctica. Donde yo veía lo que he descrito, ellas ven una pobre señora sometida al tocamiento de desconocidos, a la violencia implícita  y expuesta al escarnio más atroz (Eso me lo ha explicado luego otra interviniente).Supongo que me faltó inteligencia para apreciar en un dibujo casi naif tantos daños o que mi mente es bastante menos retorcida que las suyas. ¡vaya usted a saber!
El cartel ha acabado censurado, pero la realidad es que me apetecía explayarme sobre un asunto que como mujer y como ciudadana me afecta y este puede ser un pretexto tan malo como cualquier otro.

   Después de semanas leyendo sobre la campaña #MeToo, sobre los supuestos desencadenantes y sobre la aparente obligación de toda mujer que se tenga por tal de secundarla, después de semanas, digo, echaba en falta algún contrapeso, alguna ligera duda. Por eso, cuando hace  pocos días pude leer sin filtros ni traductores,  la carta de Deneuve y otras féminas francesas, me dí a ello con interés. Tampoco acabé de encontrarme reflejada, debo reconocero, pero admito que me reconfortó el que, cuando menos, alguna mujer adulta y bregada osara poner en duda el bienpensar que nos llegaba desde los USA con la misma eficacia que hace pocos años nos llegaron las cincuenta sombras de Grey. Ni la supuesta osadía de aquellas, ni este pretendido reconducimiento de las cosas han conseguido en mi caso más que afirmarme en laconvicción de que aquella es una sociedad pacata, puritana en su fondo (como cabía esperar viniendo de donde viene) y muy infantilizada. De ahí que los estereotipos, las simplificaciones interesadas y las campañas bien aderezadas puedan prender allá con mucha mayor facilidad que la reflexión, las multiplicidades y las salidas de cuadro. ¿Qué se puede esperar de una sociedad que hace motivo de escándalo y conversación recurrente un pezón y lo lleva hasta el punto de modificar para futuro el desarrollo de un evento televisado?-Recuerden a Janet Jackson en la Superbowl- o que es capaz de plantearse si los muñecos de los Muppets son o no gays y pueden perjudicar a la tierna infancia? Yo, desde luego espero exactamente NADA, aunque sí respeto, admiro y valoro la labor de algunos individuos de aquella sociedad.

   Lo que me es más trabajoso es admitir que en esta nuestra veterana Europa, más acostumbrada a filosofar y matizar las cosas, hubiera prendido tan ardientemente esta oleada. Como mujer, como ciudadana, como persona, me espanta que la moda se lleve por delante lo esencial.

   No puedo posicionarme, y nunca lo haría, a favor del acoso ni de la violencia, Militaba contra ella en esta tierra desde antes de que  ello fuera tendencia- a lo sumo tendencia a la cárcel- pero de ciertos relatos de estos días sí que me siento enormemente distanciada como persona y como mujer. Si usted, señora o caballero, se sintió mal con estos actos y así lo manifestó, si pese a ello la otra persona persistió, es un patán, un impresentable y una escoria, si era usted demasiado joven o no se encontraba en condiciones de manifestarlo y la otra parte lo sabía,incluso se aprovechó de ello, también. Pero dejémonos de cacerías irreflexivas, de tiros al blanco y limpiezas orquestadas. Como todas las anteriores, ésta podría llevarnos demasiado lejos y dejarnos demasiados daños colaterales.

   ¿A nadie sorprende que en estas denuncias masivas, en estos relatos no hayan aparecido mujeres acosadoras sean hetero u homosexuales? ¿Es que no las hay? ¿Es que no hay mujeres machistas? No se mientan, existen,  de ambas clases, lo sé, de hecho, si me adhiriese al dichoso #MeToo tendría que citar a alguna, pero como el asunto lo zanjé en su momento, no lo haré hoy. ¿A nadie sorprende el elogio generalizado al discurso de Oprah que, si no acosadora sexual, no tiene precisamente fama de blanda entre sus empleados? Cito solo dos de las centenares de dudas que se me van planteando cada vez que alguien me invita a la fiesta.

   A mi entender, focalizar en lo sexual o en la pretendida relación de pareja-siquiera ocasional- lo que es un mal de nuestra cultura y de nuestra sociedad es un mal comienzo. Si puedo asumir que vivo en una sociedad machista y necesitada ya de cambio hace siglos, tampoco ignoro quienes educan mayoritariamente a los hijos: sus madres y sus sacerdotes (que también han educado a aquellas y que, a su vez, educaron hijos sacerdotes en una retroalimentación que se pierde en la noche del cristianismo que, no casualmente se origina en una concepción asexual- o zoófila, según quien lo valore- o aún antes, en sus antecedentes judaicos). Esta es la primera cuestión. Y ambos sectores, madres y sacerdotes, proponen en su mayoría un enfoque culposo de pulsiones y apetencias, de ello resulta una represión que cada cual gestiona como puede o rompe, a menudo por muy mal sitio.

   Por otro lado, esta sociedad asienta otras de sus patas en doctrinas sociales y económicas que promueven la prevalencia del más fuerte, la competitividad y el individualismo como valores esenciales. Así las cosas, el ciudadano tiene que imponerse, ser líder de su manada pequeña, mediana o grande cueste lo que cueste. En ese costo, por supuesto, se incluye la acción violenta, aunque el violentador no siempre acuda a su cuerpo físico.Y al hablar de manada estamos refiriéndonos a algo mucho más próximo a cada uno de nosotros que la denostada banda de San Fermín. Manada, oiga, es su familia, su grupo de amigos o su entorno de trabajo. Empiecen a entenderlo si no lo sabían ya.
Si el niño no responde a los modelos lo mandamos a campamentos- paramilitares aunque lo escondan con denominaciones más sugerentes- y hay quienes incluso añoran el propio servicio militar como pretendida respuesta a demasiadas cosas. El ejército, esa estructura secular donde no cabe la reflexión ni la duda ni la diferencia, será la solución. Así, aumentamos gastos en armamento, mientras suprimimos la filosofía y las artes de los planes de estudios y pretendemos IM-PO-NER la buena conducta, no hacer pensar sobre su conveniencia. Si la diferencia genera conflictos en la escuela, no promovemos la empatía, ponemos uniformes a los niños. Escondemos o vapuleamos (física o psicológicamente) al diferente, al libre, al creativo.¡Hasta la creatividad pretendemos estandarizar! En resumen, la violencia lo es a pesar del género y diferenciar unas violencias de otras llevaría a concluir que algunas podrían ser buenas.Llego a temerme que esa sea a veces la intención.

   Con respecto a lo que llamamos machismo me he pronunciado a menudo y redundo en ello. El modelo da prevalencia al varón en casi todo y donde no se la da directamente, lo aparta, así, a saco (No se llora, no se viste de rosa, no se juega con muñecas, no se practica la gimnasia rítmica, no puedes ser reina de las fiestas, ni llevar vestidos de tul...) Es curioso que veamos micromachismos a cada paso y no seamos capaces de apreciar la macroestulticia general de ciertos enfoques. Queda mucho por corregir, pero si va a ser así, conmigo que no cuenten. Reclamo mi derecho a la diferencia. No quiero ser igual, quiero que no importe ser diferente y que no se me imponga lo que puede ser elegido

   En esta línea, retomo el asunto del dichoso #MeToo y sus colaterales. Es muy sencillo de explicar: Lo que dos o más personas libres, en igualdad de posibilidades y con pleno conocimiento de las reglas de SU juego aceptan, bueno es. El resto, no importa qué medio de coerción sea usado para ello, me tendrá enfrente. Que un hombre me mire, que no atine a convencerme, que le gusten cosas que no me gustan, no son per se delitos ni motivos de otra cosa que un NO educado y tan respetuoso como el respeto que espero de él, si el avance continúa, entraremos en lo intolerable, no importa si es sexo u otra cosa, pero lo decidiré yo, no un ejército de bienpensantes. El acoso es acoso, no necesita colgajos ni léxicos ni orgánicos para ser despreciable, pero no es acoso todo lo que se le ocurra a un oscuro establishment en su despacho de maquinar tendencias.

   Me encanta disfrazarme, soy un disfraz perpetuo, puedo llegar a parecer un árbol de Navidad y sé que a veces, mi disfraz puede resultarle confuso al otro. Apoyo ese #NoEsNo, pero no condeno la confusión del otro si respeta mi negativa. Del mismo modo, querría que se respetara cuando pueda decir sí, cualquiera que sea el disfraz del de enfrente ¿Estamos también en eso? Ahí mis dudas.De condenar una conducta inaceptable pasamos a repudiar la obra del acosador, la pretender modificar las creaciones nacidas en otro tiempo y en otro contexto, a satanizar cuanto ha pasado por sus manos o su cerebro. Ahora resulta que ni Woody Allen, ni Polansky son tan grandes cineastas, ni Kevin Spacey tan gran actor ni cosa parecida.Sería como denostar como autor a Lope de Vega por ser mujeriego, sacar a Caravaggio de los museos por pendenciero y depravado... De esto ya tuvimos en otros tiempos. En segundos hemos pasado del "Los trapos sucios se lavan en casa" a sacar las coladas llenas de mierda a la plaza para limpieza pública y colectiva ¿No recuerda a algo?¿No suena inquietante?
No, no todo vale en la lucha contra el mal, que existe, ni siquiera cuando lo denuncia Oprah y la aplaude Meryl Streep. Yo estoy en otra cosa.  Yo TAMPOCO.



Mi república

Acudí a una de las pocas celebraciones familiares que aún practicamos. Tres generaciones, que rara vez coincidimos, procuramos acudir a esta cita anual. Teníamos una mesa reservada en un salón estrecho y alargado. En el otro costado, una mesa algo más larga esperaba a sus ocupantes.

Apenas habíamos comenzado a pedir nuestros platos cuando llegaron los vecinos. Ruidosos,exhibiendo todo el muestrario de mercaderías que pueda caber al asunto.Gorras, muñequeras, insignias, mochilas, coleteros, anoraks,y, por supuesto banderas desplegadas a tutiplén. En su búsqueda de acomodo empujaban nuestras sillas zarandeaban e interrumpian la labor de los camareros que se esforzaban en encontrarles sitio. Los miembros más jóvenes de nuestro grupo miraban sorprendidos y sin entender, en tanto que los demás nos mirábamos con media sonrisa.
Tras más de un cuarto de hora de revuelo pudimos continuar con la comida.A los postres nos sirvieron una voluminosa tarta de cumpleaños con un rotundo 90 en lo alto. Alguno de nosotros inició un tímido cumpleaños feliz y los demás lo secundamos. Los ocupantes de la mesa vecina, algunos puestos en pie y tratando de bailar sus banderas, comenzaron a dar vivas a la república, incluso intentando subir sus voces por sobre nuestro cántico de felicitación.

La  más joven de mi grupo, sentada junto a mí, preguntó a su hermano qué era la república y acabó de rematarme. No en vano, creo pertenecer a una familia donde ese concepto está más que vivo, podría afirmar que su abuelo, de haber estado presente, hubiera sentido un agudo dolor, pero acaso me confundo... Enseguida el hermano mayor, sentado enfrente, comenzó a explicarle que la república era más o menos el gobierno de los rojos y esas cosas -¿No los ves?- Dejé a un lado mi tarta y quise explicar a ambos que república significa otra cosa, en esencia que el cargo de jefe del estado sea elegido y no heredable, que hay repúblicas muy de derechas y que incluso en aquella república que los escandalosos vecinos parecían festejar, hubo personas extremadamente conservadoras. Me miraban como a un bicho raro y pronto volvieron a sus propios pedazos de tarta. Los  de enfrente continuaron por un buen rato con su festejo reivindicativo.

De vuelta en casa pensé en ese muchacho, ya concluido el bachiller y empezando a ser adulto, con una tan confusa idea de lo que podría ser un gobierno alternativo en un país europeo o, cuando menos, de lo que ya es gobierno en la mayoría de paises. Pensé en sus mayores y en los míos, algunos de ellos han sufrido en sus propias carnes la lealtad a un modelo que se consideró ilegal y punible por muchas décadas, hablando en voz baja, intentando simular ante nosotros una normalidad que no era tal hasta que fuimos nosotros mismos, los de mi generación, quienes comenzamos a mover ficha, a preguntar con insistencia, a reclamar un trocito de aquella herencia familiar que andaba recogida en los cajones... Y pensé también en aquellos comensales, me sentí tan alejada de ellos, de su estridencia inoportuna, de su necesidad de imponer su cántico sobre el nuestro que, a fin de cuentas no tenía porqué ser enemigo...¿Qué conclusión podía sacar aquella muchacha respecto de ellos y de lo que defendían?

Llegué a sentirme mal conmigo, como si un punto de extraño clasismo se hubiera adueñado de mí, pero volví a recordar a los míos, que nunca fueron maleducados molestando a una familia. Volví a recordar a los amigos de mi padre y de mi abuelo, a sus parientes y vecinos militares, sacerdotes algunos, todos respetuosos entre sí y con ellos, todos apreciados en sus enormes divergencias...Todo tan lejano de aquella representación estridente y vana.

Uno de los mayores logros de los enemigos de la república ha sido hacer que sea percibida como la sintieron estos jóvenes el día del cumpleaños, como algo incómodo, de un folklorismo grotesco, sin sustancia, con regusto a moho y naftalina  En los tiempos del instagram, la república y muchos reivindicadores salen mal en las fotos  y se hacen propaganda en contra porque la rabia mal gestionada se saca en procesión fuera de tiempo, incomoda en lugar de convencer. Los republicanos de charanga y pandereta, los sectarios, tienen que ser contados, por desgracia, entre esos enemigos de la causa. No es esto, compañeros, no es esto.

Defender una república no es cuestión de hooligans, de believers o de cualesquiera otros exhibicionismos superficiales. Cierto que un símbolo identificador dice mucho en momentos en los que decir es complicado. Pero por sobre todo debe quedar la sustancia. La memoria de tanto silencio impuesto no debería distraernos de lo sustancial, los hechos diarios. Si mi abuelo y sus hijos me contagiaron las convicciones no fue por la vía del acoso, sino por la actitud constante en el ejercico de la equidad, del respeto al otro, de la reflexión y de la escucha. Si quiero que esta tierra sea un día república no será para reponer banderas tricolores y seguir en el mismo marasmo, sino precisamente para que esa bandera cobije unos modos de hacer diferentes.

Ese jueguito de distraer con los símbolos está ya muy usado, aunque parece que sigue calando. La venta de frases de Gandhi o de posters del Che, por ejemplo, es aún mercado floreciente, pero nos cansa acudir a votar con demasiada frecuencia-siempre que no sea online para elegir quién se queda en el reality de turno- Protestamos por leyes que la mayoría no ha leído y nos dejamos hacer luego con la malsana cantinela del "son todos iguales". Yo sé, lo vivo, que no son todos iguales, pero averiguarlo y actuar en consecuencia requiere esfuerzo, convicciones asentadas en lecturas, información y reflexión, sacrificios y renuncias varias, incluso reenfoques y matices pero sobre todo, implicación en la gestión de lo nuestro. A muchos no les sale a cuenta, así que es fácil ponerles a mano un par de objetos coloridos, decirles que eso los representa y que salgan al mundo a alardear de ello. Así tenemos a los seguidores de un club de fútbol, de un cantante pop o de un partido político, así logramos que a los jóvenes les carguen las batallitas de los abuelos o las toleren como parte de su deterioro cognitivo, logramos que una enorme cantidad de españoles de las actuales generaciones desconozcan cuántos intelectuales e idealistas murieron o debieron exiliarse no por un trapo con mejor o peor combinación estética, sino por lo que con ese símbolo se pretendía representar. Quienes pueden apalear a otro porque lleve un escudo del Betis o que son incapaces de apreciar lo bien que juega  alguien con camiseta que otros colores, tienen muy fácil menospreciar a cualquiera que no cante su himno o al que ondee banderas de otros tonos. Y en ese despiste, los enemigos de todo y de todos siguen a lo suyo tan a gustito.

Puede ser saludable reunirse con los afines y reconfortarse, darse sustento emotivo. Pero ese sustento no debería ser contra los no idénticos, sino a favor de nosotros mismos.

Mi bandera es tricolor en tanto que recuerdo y emoción, pero lo que me importa, por sobre todo, aquello a lo que aspiraré no se resume en cantar desafinando un cántico, en vociferarlo más alto que otros cánticos sino en hacer humanidad y tratar de tener claro que mi enemigo, por usar un lenguaje sencillo, no es quien lleva otra bandera, sino quienes nos vendieron ambas y, a la postre, las usan para vendarnos los ojos con ellas.

A UTERAZO LIMPIO

La periodista escribe desde una cierta humildad y su tono es ecuánime. Aunque no comparto el punto de vista, lo entiendo. Periódico digital cualquiera de hoy u otro día. Donde comienza el desbarre es en las respuestas. Mujeres adultas, como poco alfabetizadas , que comienzan su retahíla de reproches, moralinas y enjuiciamientos a terceros con total convicción de su verdad, de su progresismo indiscutible, de su bienhacer y mejor pensar...Y aquí una, que solo es dueña de sus dudas y de sus muchos errores, empieza a sentir de nuevo que lo suyo no debe ser de este mundo... y se pone a escribir.

Es cierto que el útero femenino es capaz de albergar nueva vida, pero no lo es menos que sin la correspondiente aportación de un varón, semejante hazaña es imposible-salvo que una crea en espíritus santos, que no es mi caso- Así pues, se trata solo de una cavidad corporal necesaria para funciones concretas, punto. Pero mis congéneres femeninas, esas que claman por sus derechos y los de todas nosotras, han encontrado en ella un recurso de poder inquietante y sobre todo, un recurso de manipulación que  me pone demasiado a menudo enfrente de muchas de sus formas de reivindicación.

Disponer de útero y tetas no ha hecho de mí mejor persona, ni más capaz para ninguna otra cosa que no sea gestar, si se diera el caso. ¿Por qué debería el hecho de tenerlos hacerme mejor legisladorA, educadorA, inspectorA de Hacienda o ninguna otra de esas tareas que ejercemos los humanos en la civilización occidental? ¿Dejarán de ser magníficas las juezAs sometidas a histerectomía o simplemente llegadas a la menopausia? ¿Y qué sucederá con las astrónomAs, las arquitectAs o las dependientAs de perfumería que superen los sesenta?  Si este órgano nos hace tan especialmente capaces, no debería perder su funcionalidad antes de la muerte, ni esperar años para ser plenamente operativo ¿O me estoy liando?

Hemos pasado del relato incierto de que la mujer no puede hacer X cosa al relato no menos falso de que las haremos incluso mejor que los machos. ¿Es que el útero es además un tercer cerebro? Digo tercero porque se conoce al estómago como segundo, pero igual reivindicando en serio y puestas a dar valor, tendríamos que decir que el cerebro es un segundo útero, ya que éste es el primero en todo...No acabo de verlo, la verdad. Igual  es que, después de todo, mi segundo útero funciona peor que el primero.

La mujer occidental actual, después de que sus antepasadas tomaran conciencia de que habían construido una sociedad desigual,  se lanzaron a redistribuir capacidades y poderes, lo cual estimo interesantísimo, pero se nos ha ido la mano e incluso el brazo y la vagina completos.  No conformes con esa paradoja altisonante de la discriminación positiva nos hemos puesto a otorgar superioridad a la matriz sobre cualquier otro órgano corporal. Y en alocada carrera, nos oponemos, indignamos y enjuiciamos por encima de nuestras y de sus posibilidades a quienes no comparten esta calificación.

Aceptaré para no liarme de nuevo, que el adjetivo "positiva" se refiera al signo más y no a lo benéfico de ningún modo de discriminar. Aumentamos porcentajes y presencia para “darnos visibilidad” en ciertos campos, diremos que como parte de un proceso pudiera servir, pero ¿Tenemos que liarnos a uterazos con todos y cada uno de los machos con que nos cruzamos en el camino? Es necesario colocarle el espejo de Venus a cada O y plantar la aroba o la x a cada sustantivo o calificativo del diccionario hasta convertir en ilegibles muchos textos y textas? ¿Es preciso inventarle nuevo género a aquellos que  de suyo no lo tenían? Por cierto, llevo varios párrafos escribiendo útero ¿No debería haber escrito úterA o úter@?

Tampoco conviene hacerme mucho caso. Soy persona que se crió casi al margen de modelos femeninos porque la vida me hizo así, tenía pocas al alcance y tampoco eran demasiado  entusiasmantes para una púber desnortada y rodeada de hermanos. En algún momento entre mi niñez y mi edad actual, tuve que tomar conciencia de tener matriz, senos y ovarios. La naturaleza me envió sus señales y no quedó otra que aprestarse a convivir con ellas por las siguientes décadas, haciendo espacio en mis cajones para ingenios más o menos incómodos relativos a mi aseo personal. Excluidos éstos, nunca sentí que esa parte de mi cuerpo fuera más valiosa que otra. O mejor dicho, si me pareció valiosísima, por lo funcional, mientras albergaba a mi hijo, es decir, mientras hacía aquello para lo que, según la ciencia, había sido dispuesta. Fuera de ahí, la verdad, no más que mi pantorrilla izquierda,  mi nariz o mis pulgares.

Las que se dan en llamar feministas a sí mismas y otras que se suman a la cruzada, parecen escandalizarse mucho más por el alquiler de vientres femeninos que por la compra de esperma para aquellas que desean ser madres o se indignan muchísimo más porque una señora decida usar su vagina a cambio de emolumentos que porque otra decida poner en venta su cerebro o su espalda para acarrear pesos. Observen que uso el verbo DE-CI-DIR. No me refiero, por supuesto, a la esclavitud, que me parece impresentable en cualquiera de sus formas, incluya o no el sexo.Temo que hayamos empezado a pensar con el útero o la vagina, tal como atribuímos al macho pensar con su miembro. No se me alcanza otra explicación. En resumen, como alternativa a la, con razón, denostada falocracia, pasamos sin despeinarnos a la uterocracia más intolerante.

¿No se nos habrá colado al final un poquito de esa moralina que tanto reprobamos? ¿Por qué ese mercado es MÁS pernicioso? Insisto, si salimos del terreno de la libre elección, yo misma me indignaré y saltaré contra quien utiliza a un congénere como objeto. Trato del otro asunto, de quien por su albedrío estima divertido, interesante o aceptable  hacer uso de algo que es suyo por sus propias razones y para su propia autonomía personal. Quienes salen a la calle gritando a voz en cuello el "Nosotras parimos, nosotras decidimos" resulta que son las primeras en repudiar a quien porque pare decide, pero no según el cliché habitual, sino por su propia cuenta ¿Por qué es perjudicial que una señora decida enseñarse, ceder su vientre o sus óvulos? Ya, ya, me conozco la cantinela del "Porque nos desmerece" "Porque nos pone a todas en el mercado"... es curioso que ninguna tema, por ejemplo, que una excelente filósofa que pone públicamente en uso su cerebro al servicio de X esté poniéndonos a todas en solfa o-hablando de solfa- Cuando una mezzo canta como los dioses un aria y cobra por ello ¿Por qué no nos indigna que use su garganta? No tenemos el riesgo de que nadie quiera por lo mismo comprar la nuestra. Pero ¡Ah! es el útero, la vagina, las tetas, eso que yo tengo y los machos no, eso que hace especial, deseable, el santo grial, la releche en verso y  vendrá un ejército deseando arrebatarmelo si otra hembra decide, insisto, de-ci-de, hacer de él un uso que no entre en mis cánones.

Pues aquí, esta humilde brazoleño, no suscribe las soflamas. No me siento representada por ese feminismo, no seré feminista, sino femenina y con un par... de ovarios. Lo que no me mejora ante otras femineidades-por ejemplo las psicológicas- Lo lamento profundamente, pero estoy muy convencida -¡Y cada día más!- de que mi liberación no pasa por sacudirle el útero en los morros a mi vecino ni por impedir que mi vecina elija usarlo como le plazca. Para quienes no están en esa tesitura, toda mi solidaridad y toda mi furia reivindicativa que seguiré ejerciendo. Lo demás son sectarismos, ansias de poder y supremacismo adornados a conveniencia. No cuenten conmigo. ¡Ni con mi útero!

No pido perdón

La señora ministra ha pedido perdón, o más bien no. La señora ministra nos ha hecho pedir perdón a todos al plantear su petición como representante "del Estado", que no "del gobierno de este Estado". La señora ministra, ha repetido varias veces su expresión, por lo que deduzco que no ha sido solo un lapsus, sino más bien la prueba fehaciente de lo que viene sucediendo desde casi siempre con nuestros gobernantes, que confunden la parte con el todo y se sirven de dicha confusión.

Lamento profundísimamente el dolor de todas esas familias que cedieron una parte sus vidas al Estado-esta vez sí- y que se encontraron con que quienes entonces gestionaban la cosa de todos- es decir, el gobierno- no solo no respetaban semejante entrega, sino que la despreciaban con todas las ineptitudes y desvergüenzas posibles. Brazoleño, que no solo no es militarista, sino que ejerce y practica activamente la objección, no por ello deja de sentir como propia semejante agresión que va más allá del deber y de la aceptación de las estructuras. Mi más sincero abrazo solidario a todas estas personas.

Como decía, no estoy segura de que a ellos les haya bastado el modo de hacer de María Dolores de Cospedal, pero me molestará un poco menos si a ellos les ha servido. A mí, que solo soy ciudadana colateralmente afectada por la infamia, no me sirve, pero podría conformarme y hasta pasarle por alto que diga que los acusados por el caso cumplieron condena, cuando la oscura realidad es que fueron indultados. No me sirve que quienes deberían representarme me excluyan a la hora de tomar decisiones, me consideren un mero artefacto que  usar cada equis tiempo y después pretendan hacerme partícipe de la culpa y la correspondiente petición de perdón.

El Estado, señores, somos todos y sin embargo, el gobierno son solo unos pocos. Si cuando menos se tomasen la molestia de respetar el Parlamento y en las diferentes instituciones, podríamos convenir en aceptar que el gobierno representa a ese Estado durante su legislatura- de hecho, debería  tratarse de eso- pero resulta que no, que estos señores de quienes les hablo, no solo no respetan esas instituciones, sino que ni siquiera respetan la palabra dada a sus votantes, es decir, ni siquiera llegan a representar a aquellos.

María Dolores, que es de las alumnas aplicadas y que parecen hacerlo todo bien, suele comparecer cometiendo estos lapsus de vez en cuando, convirtiendo su intervención en una sátira o en un aparente tropezón, de modo que -casualmente- desvía la atención de la sustancia del asunto o de otros asuntos contemporáneos de su comparecencia y esta vez no ha sido diferente.
Desde su partido hasta intentan hacernos creer que ella "se ha adelantado a pedir la comparecencia por voluntad propia"como si no la hubieran pedido antes todos los partidos de la oposición. Claro que ese juego de la confusión se les da bien, sin ir más lejos, el ex-embajador en Londres quiere hacernos ver que se va por petición propia, mientras sus compañeros del gobierno-no del Estado-habían estado convenciéndonos de que era porque tocaba y en ningún caso, por la desvergüenza manifiesta de su gestión con el asunto del Yak-42. Juegan tanto a confundir, que se confunden hasta ellos mismos, pero en ese río revuelto hay siempre pescadores avezados, pescadores que se sientan a la orilla para mirar como las aguas vienen turbias. La riada nunca les alcanza, aunque siempre están a la orilla.

Como decía, María Dolores ha situado su comparecencia estratégicamente, de modo que los rumorcillos sobre los asuntos dudosos de su señor esposo, la intervención del gobierno en el asunto claúsulas suelo a favor de la banca, las declaraciones de Bárcenas en el juzgado volviendo ha hablar de financiaciones ilegales, la venta de corbetas a una dictadura -con viaje oficial de nuestro monarca incluído en el pack- y otras varias cosas de pensar, quedan más difuminadas, pero es pura casualidad, no piensen mal. La señora minista ha pedido perdón de corazón, lo malo es que nos ha metido a todos en el paquete, como nos han metido en el rescate de los bancos o en el pago de las multas de la UE  por la inoperancia o malas prácticas de los sucesivos gobiernos.

Cospedal y sus amigos confunden gobierno con Estado porque les conviene diluir culpas y responsabilidades, como lo confunden-no nos equivoquemos- otros muchos políticastros a los que interesa dicha confusión, por ejemplo, a ciertos independentistas y constitucionalistas de pedigree, pero este es nuevo asunto. Politicastros todos ellos a fin de cuentas, la política honesta y seria es otra cosa, como lo es el Estado, que no nos sigan confundiendo.

Hartazgo y sombras

Abrir la prensa o revisar las redes de buena mañana no es costumbre saludable para quien quiere empezar bien la jornada, pero es tradición de las poquitas que Brazoleño ejerce y respeta hace tiempo. A menudo es tan grande el hastío o la desolación que no apetece ni comentar en blog. Otras veces, una tontuna, una pequeñez, permite arrancar dándole vueltas a algún asunto menor, o no tanto.

Imagino que éste de hoy, con la que cae, podría considerarse menor, aunque a Brazoleño, tan rumiante siempre, la rumia le lleve a ramificaciones menos ligeras...

Parece que la señora Cristina de Borbón se ha desahogado verbalmente en lugar no tan íntimo como para que sus palabras no fueran escuchadas por alguien dispuesto a convertirlas en noticia, mire usted. Parece que la buena mujer, cansada ya de trasiegos de Suiza a Mallorca, se permitió murmurar en un pasillo que le urge acabar con todo el lío de Noos para no volver a pisar tierra hispana.¡Escándalo! ¡Uy lo que ha dicho! y tal y tal. 

¿Cuántos de nosotros no deseamos que algo incómodo termine para no volver sobre ello? Es natural que a la hermana de Felipe, esa que ya no es familia real, esa mujer que durante años nos vendían como bella, preparada, más seria, más tal y más cual y más de todo, pues no esté cómoda con la actual situación. Es natural también-entiende Brazoleño- que, visto lo visto, no tenga empacho en manifestar lo que seguro lleva sintiendo hace mucho tiempo. ¿Es eso más indignante que todo lo demás que está sucediendo y sucedió en torno al caso Noos y sus vericuetos? Brazoleño estima que no. A Brazoleño no le extraña ni le preocupa esto tanto como el hecho de que esta señora tenga razón, que lo que ella y su marido han hecho, lo hacen cada día decenas de españoles y que  no con todos se intente hacer pedagogía (¿O era justicia?).

Lo de menos parece ser el que los hechos daten del mes de de junio y que la información (¿?)  haya descansado prudentemente hasta estos días, momento en que la sentencia sobre el caso está al caer aunque se demora un poco-según cuentan los que entienden por nosotros- porque no saben que hacer con el señor esposo de la exduquesa. Tampoco parece ser muy importante que no haya otra prueba de los dichos-por ahora, una nunca sabe si no nos irán saliendo por capítulos sucesivos- que la narración de "fuentes cercanas" a un periodista de los que manejan estos conocimientos a diario, o sea:le dijeron que dijo y él ahora dice o escribe lo que decían que dijo. Pero insisto, es lo de menos, la guapa, preparada y pimpante exduquesa ya no es guapa, ni buena, ni preparada, ni duquesa, se lleva mal con su cuñada la reina y encima no es capaz de sufrir en silencio-como si de hemorroides se tratara- el desapego de los que fueron su claque. Como no le aplauden que chanchulleara -presuntamente- a lo grande  y no lo entiende, se explaya ante sus íntimos y alguno de éstos, menos íntimo de lo imaginado, va y se lo relata al periodista oportuno que, como no viniendo al caso, lo cuenta hoy, día en que conviene mucho exaltar tanto el sentimiento patriótico como el rechazo por los descastados exduques. Que quede claro que son muy malos ambos dos, él por empalmado y ella por enamorarse del empalmado y desear marcharse ya donde no la incordien tanto quienes le hacían la ola por su elegancia, belleza, saber estar, preparación y todo lo demás.

A Brazoleño, desde el comienzo, le olió a tostado el asunto Noos, no porque dude de que la señora Borbón y su consorte hayan podido hacer mangas y capirotes que a muchos de españolitos de a pie les están vedados. Incluso puede creer que a los instructores del caso muchas otras se les pueden haber pasado por alto o que algunas prescribirán antes de que nos demos cuenta.
Brazoleño ha visto como algunos imputados de alrededor se van casi de rositas y conservan cuasi intacto su patrimonio y su estar. Ha visto también cómo florecen y se reactivan las informaciones interesadas en torno a este asunto cuando, casualmente, cabe temer que otros asuntos salpiquen a quienes están hoy en el mover de los hilos...Seguro que son coincidencias, pero parece como si alguien en las cloacas dijese a quienes pueden "Apáñame esto un poco que  van a empezr a pedir sangre" y entonces quienes pueden van, nos comentan unas cosillas de éstas, para que vilipendiemos a la casta y nos desahoguemos mientras las cosas del comer, las auténticas viandas,  siguen intactas para quienes importan y quienes pueden.
Que sí, que de acuerdo, que la igualdad de todos ante la ley se nos demuestra dándole una buena colleja donde más le duele a algunos de los no tan iguales y que  nada que objetar a que se castiguen los delitos probados ¿Cómo podría verlo de otro modo? No es que a Brazoleño le parezca mal una condena justa, sino que le desazona que alrededor de ello parezca haber tantas otras cosas.

A la señora Borbón, a estas alturas, no cabe pedirle el sentido patriótico que tiene mi vecino del tercero, ni cabe otra cosa que entender que en su condición de humana que ve el mundo de otra manera, que siempre lo vió así y que, en realidad lo ve como muchos otros que se lo callan para salvarse de la quema, esté loca por terminar cuanto antes para pasar a otra cosa.  Así que a Brazoleño le preocupa tanto aspaviento y le hace temer que a lo mejor, mientras nos rasgamos las vestiduras con las cosas de la exduquesa, nos están escamoteando otra vez muchos debates y saneamientos esenciales. Castigar a Cristina, oponer su lenguaraz conducta y el chabacano escribir de su esposo al sentido de estado y de patria de su preparado hermano- el de ella- de su cuñada la reina e hijas, de su no menos impecable madre y de todos los gestores de este nuestro país, que en tan duros momentos mantienen el tipo frente a todo,  es la manera de seguir aparcando la Constitución,  rescatando autopistas, vendiendo a fondos buitre, malbaratando la memoria y el sufrir de muchos ciudadanos...En resumen, miren a la chica del biquini de lentejuelas mientras el mago escamotea el truco a sus ojos y hace desaparecer de nuevo la carta marcada.

Pues sí,  a Brazoleño también le va corriendo prisa que terminen de una vez con esto, que dicten sentencia y se dejen de artificios. Lo de no volver a pisar el país se llega a venir a la cabeza cuando comprueba lo que están haciendo con él quienes se supone que lo gestionan. 







Readers indigest

Hace bastantes años, cuando Brazoleño se desenvolvía relativamente cerca del poder (o de ciertos poderes) una de las cosas que llamaban su atención eran los llamados Gabinetes de prensa. En aquellos momentos, estos departamentos tenían como tareas principales la emisión de comunicados en nombre del jerifalte de turno y la elaboración de resúmenes de prensa que facilitaban al susodicho el acceso a las noticias que sobre él y sus hechos pudieran publicarse cada día.

Era claro que mentes tan ocupadas y versadas en tantos menesteres no podían perder su valioso tiempo ni en pensar y redactar por sí mismos una respuesta pública ni, menos aún, dedicar una parte de él a expurgar los diarios a la caza y captura de nada. Ciertamente, la existencia de tales gabinetes permitía que algunos jóvenes titulados de la facultad de periodismo tuvieran acceso a un salario, nada que objetar a tal asunto, si no fuera porque, tras varios encuentros y encontronazos, Brazoleño tuvo que asumir que la realidad acababa siendo menos halagüeña.

Muchos de los "gabineteados" desistían por completo de cualquier actividad lectora, quedando entonces al buen o mal hacer de sus empleados el mantenerlos mínimamente informados de lo que en el mundo se cocía, otros limitaban su lectura a aquello que el gabinete no revisaría (supóngase el MARCA, el AS-que aún coleaba- y, mucho menos a menudo, quizá, el "National Geographic"). Como resultado, el despego de la realidad era tal que la desconocían por completo.
Aún en la memoria de Brazoleño perdura la reunión con un señor ministro del entonces "Ministerio de Educación y Cultura" en que aquel acabó pidiendo a los propios estudiantes que le presentaran un dossier sobre aquello que le estaban contando porque desconocía por completo los hechos de que se le hablaba en la reunión, pese al arsenal de carpetas que poblaban su parte de la mesa.

El problema de estos señoritingos y señoritingas que se conducen como lo que nuestras abuelas llamaban "nuevos ricos" es que se han acostumbrado tanto a los resúmenes, a los extractos, a los "digest" -que dirían los yankees y los titulados de Cambrigde-que ya no se molestan en la ampliación y relectura que en buena praxis correspondería tras revisar el trabajo de su gabinete de prensa, sino que arramplan ya contra todo y todos con el mínimo recorte a medio trabajar, poniéndose en vergonzosa evidencia día sí y día también.

Ya entonces a Brazoleño se le ocurrió pensar cuánto poder tenían aquellos versados selectores que ponían en orden las lecturas del señor ministro.
A ratos, en su ingenuidad, quiere pensar Brazoleño que lo mismo estamos como estamos porque a los gobernantes, a sus adláteres y a la mayoría de aspirantes, nadie les da a leer la realidad del país, sino un selecto cóctel de otras novedades sin trascendencia. Pero luego recuerda que estas personas, además de viajar en coches oficiales, reunirse con brazoleños y salir por la tele diciendo cosas que su gabinete les ha redactado, cobran un sueldo que todos pagamos. Entonces le agarra una señora indignación multiplicada por mucho, pues piensa que como mínimo, deberían velar porque sus "gabineteros" desempeñen su labor sin sesgo, con eficiencia y honestidad que ya darán ellos por sí mismos el sesgo oportuno a lo leído. Y luego, se le ocurre también que les debe ser muy práctico culpar no ya al mensajero, sino a quien seleccione los mensajes de aquel, como acabó comprobando en aquella reunión de aquel ministerio hace ya tantos años.



Olla indigesta

¿Qué es servicio al país? Se pregunta Brazoleño después de meses escuchando cómo “los llamados” iban dejando todo lleno de pellejos a base de ponerle piel a cuanto decían ¿Cuál es el bien común y a quienes acomuna? La respuesta es una amalgama de tópicos, insensateces, enunciados contradictorios entre sí que-para sorpresa de Brazoleño- son enumerados consecutivamente en la misma jornada, por el mismo sujeto, en cadenas de televisión diferentes (o incluso en la misma con intervalo de dos tandas de anuncios y un cambio de presentador). Por sobre ello, nadando como los ojos de grasa en un puchero mal equilibrado, uno o dos individuos medianamente coherentes, casi nunca con mando en plaza, apuntando un par de ideas interesantes que -teme Brazoleño- quedarán en eso, simples enunciados que alguien rescatará de la hemeroteca cuando no tenga nada mejor con que rellenar minutos de otro programa.

Lo tremendo no es que esto lleve sucediendo meses. Lo tremendo es que para que esto deje de suceder, la propuesta ofrecida es, sencillamente, que la estulticia, la incoherencia y el apaño se institucionalicen como línea a seguir en interés de la eficiencia y el “Sentido de Estado”. Como no damos pie con bola, vienen a decirnos, como cada uno tiramos para nuestro lado y los ciudadanos no vais mucho más allá, incapaces de discernir y sugerirnos una línea clara, amalgamemos en un Cuasi-totum revolutum las propuestas y tiremos para adelante que ya toca.
El quiz-estima Brazoleño- está  de una en el “Cuasi” que permita dejar fuera a lo que “no les gusta a Los Mercados” y de otra en  el “adelante” que nadie parece saber dónde está, ni respecto a qué se establece, pero que hay que acercárnoslo ya de todas todas.

Se enuncia como máximo daño el repetir la consulta y ya se escucha decir que los ciudadanos están hartos de que se les pregunte. ¡Hartos! Seamos un poco serios. Una democracia no debería sustentarse en el temor a ser preguntados, antes bien en todo lo contrario. Pero a esta razón, le añade Brazoleño sus matices. ¿Nos han preguntado realmente? y a continuación ¿Han escuchado la respuesta? item más ¿Han reflexionado sobre lo que ésta significa? Más parece que hayan tirado los dados sobre una mesa a ver qué salía y, como -pese a jugar con ellos marcados y desgastados- no acabaron de caer como pensaban, pues los lanzan de nuevo y así hasta acomodar los resultados a la previsión. Entre medias, no vamos a dejar que el súbdito –pues de ello nos tratan y no de iguales- pueda pensar que no nos inquieta su suerte. Es más, evitemos que el súbdito pueda pensar, no vayamos a liarla.

A Brazoleño se le ocurre, que una prueba palmaria de que esta Constitución y este sistema que se dieron quienes entonces tenían edad para ello, ya está cojeando, es precisamente que no tiene nada previsto para un caso como el actual, donde no saben definirse mayorías suficientes por las buenas y tampoco hay malas por las que sacarlas sin saltarse la ley. La legislación hispana se hizo cuando se hizo, como se hizo y para lo que se hizo y, cuarenta años después, todo aquello ni está como estaba ni sería presentable que lo estuviera, o sea, toca reforma, como se reforma la casa cuando los hijos crecen o cuando quieren marcharse ya a vivir por su cuenta. En parte porque cuando nos instalamos lo hicimos en precario, en parte por el desgaste que el uso ha venido produciendo. A nadie escandaliza que el cuarto de la niña con sus cortinitas rosas necesite una actualización, ni que el mayor ya no quepa en la litera.

Digamos que las cuentas aún podrían salir, es cierto. Si todo diera lo mismo, como les parece a algunas de las vacas sagradas de aquellos polvos, podrían salvarse aún los muebles en estos lodos.  Pero es que no da lo mismo, es que ser constructivo no equivale a ser sordo, ciego e inerte. Es que la sustancia-que no nos vuelvan a vender la moto- no es quién preside, sino lo que preside y para qué lo hace. La sustancia es justamente lo que lleva el caldo, el puchero grasiento que llevan malcocinando hace tiempo y que nadie parece dispuesto a espumar, porque viviendo en esa espuma tantos años, se han acomodado a ella y a nada más aspiran.

Y es que, no nos engañemos, no estamos sin gobierno, tenemos un gobierno que les da para seguir trampeando y sosteniendo lo sustancial, lo que ya hicieron, por eso Mariano puede ponerse de perfil y seguir andando deprisa sin moverse del sitio, por eso los tutores de Pdr le animan a sumarse al caldo de una vez por todas y dejarse de nueva cocina, por eso, dicen que no debemos ir a nuevas elecciones como si mentaran la bicha y alargan el impasse y nos hacen caer en la cuenta del ridículo estratosférico que sería tal cosa. Sin contarnos en cambio lo bien que les viene este asunto para seguir marcando dados por si se ofreciera volver a tirarlos en el tapete. No podemos ir a nuevas elecciones, no sea que de ésta gane alguien de verdad o los súbditos se nos agoten del todo y dejen de servirnos de escudo.

El pueblo nos ha dado un mandato, dicen, aparentando toda la seriedad y Brazoleño se pregunta cuál de los pueblos, el que votó a Pdr, los fans de Mariano, los cinco millones de UP o el dichoso millón perdido. ¿Cuáles de ellos no son pueblo o no pintan nada y merecen ser ignorados? Un país, señores son todos y cada uno de sus habitantes, en una pretendida democracia parlamentaria, se vota cuando hace falta y no pasa nada, pero también se asume que las posiciones son variopintas, que hasta los que votaron lo mismo pudieran hacerlo por razones diferentes y que el nuestro no es un sistema presidencialista, por lo que la sustancia del caldo es lo fundamental y no el quién pone la tapa al puchero. Porque a menudo, taparlo con prisas y de malos modos no permite que reduzca y sale uno de esos caldos arrebatados, sin homogeneizar, donde cada ingrediente mal nada en un agua turbia, dejando una digestión incómoda.
Por eso, piensa Brazoleño, unas terceras elecciones son una mala opción más, ni la única ni la pésima, dado que llevamos tiempo entre las malas opciones. Que a lo que están jugando,igual no es siquiera a los dados, sino a poder quitarnos las ganas de olla para otra buena temporada, a convencernos de lo aburridos que estamos ya de hacernos escuchar, como si alguna de todas estas veces hubieran escuchado algo más que el resonar de sus propias voces, que tan bonito les suenan cuando simulan dirigirse a nosotros.