"Menos mal que existen los que no tienen nada que perder, ni siquiera la historia."

¿SUMA O MONTONERA?


Hace poco menos de una semana que se manifestaron  en Madrid numerosas personas relacionadas con el mundo de la fauna. Yo no estuve entre ellos. Según parece leyendo a algunos en sus crónicas sobre el evento, sucede que a los profesionales como yo nos da todo igual, o que nos gusta que nos den las cosas hechas. Podría haber pasado de largo ante semejante tontería, pero no quiero hacerlo porque precisamente una de las razones que me llevó a no secundar esa acción fue la confusión que entre la población en general iba a suscitar .

Busco en prensa y redes información respecto al evento y compruebo que, como ya sabía, la manifestación era “En defensa del mundo rural”; no se habla sino de soslayo, y solo en alguno de los medios, sobre las reivindicaciones que habrían debido moverme a asistir: Un intento de ley relacionada con los derechos y la protección de los animales que resulta un verdadero disparate en fondo y forma y que me he leído de cabo a rabo varias veces sin encontrar, curiosamente, que afecte a muchos de quienes sí acudieron a la manifestación, no por solidaridad con nosotros, sino porque sus propios intereses, que ni son ni serán los míos, les llevaban allí.

Es fácil culpar a los medios, pero cuando uno de los portavoces declara a quien le pone un micro cerca que se manifiesta “Contra los animalistas comelechugas”, no parece tan sorprendente que mi vecina y mis parientes hayan llegado a la conclusión de que esta era una pelea entre hipsters y tradicionalistas. No sé si la manifestación lo fue. Como digo no asistí y no me creo peor ni menos implicada que quienes nos acusan de conformismo o inacción.

Algunos conocidos me argumentan que todo suma ¿Qué suma y con qué fin? No es mi objetivo hacer bulto, sino cambiar un modo de concebir a la Naturaleza en general y a la fauna en particular. Mi enfoque se ve afectado por esta ley, pero tanto más por esas personas que vociferaban el domingo junto a algunos de mis amigos, mientras espantaban a los perros y caballerías participantes con sus petardos. No, una cosa es aunar fuerzas y otra amontonarse con cualquiera.

Me alegro por quienes creen que han hecho algo grande, se sentirán a gusto consigo mismos, acaso tanto como yo por no haberme dejado engatusar (hablando de gatos y tal...). Son diferentes modos de ver las cosas. Lo que me podría doler, en todo caso, es que gentes a las que quiero y respeto se permitan decir que los demás no actuamos, que esperamos en el sofá a que nos lo den resuelto y no sé cuantas cosas más sobre el purismo o la vaguería. Mi purismo y mi incoherencia tienen sus límites, ambos. 

¿Se os ha ocurrido que igual actuamos por otras vías con o sin alianzas?¿Habéis pensado que hay más formas que ese evento o el sofá para encarar el asunto? ¿Por qué menospreciar a quienes sí podríamos tener cosas que decir aunque no nos sumáramos al desfile del domingo con galgueros, toreros o significados "conspiranoicos"?¿Preferís esos aliados? A mí se me ocurre que un poquito de autocrítica y replanteamiento cara al futuro pueden venir muy bien. Pensad, si os apetece, qué parte del importante mensaje ha trascendido; pensad en qué entidades y personas de relevancia tampoco estuvieron allí y cómo se podría llegar a ellos antes de que sea tarde.

A mi juicio, que por supuesto es personalísimo, no solo no se ha sumado, sino que se ha malogrado una ocasión de desmarcarse de verdad de esa política rancia que todo lo pringa y que no ha perdido su ocasión de contaminar un asunto importante. En los ojos y oídos del ciudadano de a pie, hemos quedado como parte de ese lodazal y a partir de ahora, nos va a ser más difícil explicar lo que nos preocupa y además, a la hora de solucionar esto, nos vamos a encontrar enfrente a oponentes menos receptivos, se lo hemos dado fácil a los de siempre.

Cuando éramos críos solíamos correr lanzándonos unos sobre otros al grito de “¡A la ropa que hay poca!” Hacíamos una montaña y caíamos casi todos riendo, alguno acababa llorando y haciéndose daño, pero era un juego y se le pasaba pronto. Para los asuntos de calado,  me importa más la calidad que las cantidades de ropa. Soy así de exquisita. 


¿A quién sirven cuando dicen que me sirven?

 No. Pablo Hásel no es Teresa de Calcuta, pero es que ni siquiera Teresa de Calcuta lo era. No voy a despistarme escribiendo sobre el lado oscuro de una señora que nunca acabó de entusiasmarme. Quiero más bien analizar  lo que está sucediendo desde que se pidiera ejecutar la sentencia impuesta al rapero.

Los que se pretenden guardianes del buen hacer ciudadano, reiteran que Hásel ha dicho cosas muy feas, muy crueles  a veces y, en todo caso, muy inoportunas para la “marca España”-jatetú- Pues no me sirve para justificar que estos decires sean enjuiciables. No repetiré sus tuits, ni sus creaciones, ni hubiera prestado más de unos segundos en este señor si no fuera precisamente porque se le ha detenido. Una vez dicho esto, me planteo lo sucedido en esta supuesta defensa de su liberación. ¿A quién están beneficiando los disturbios de estas dos noches? No desde luego a la mujer que ha quedado tuerta de por vida y dudo más que mucho que a la libertad de expresión. 

La defensa de derechos, a veces-demasiadas veces-no encuentra caminos, pero deben buscarse, deben intentarse antes de renunciar a todo lo que no sea barbarie y, la verdad, no encuentro que haya sido el caso. Me gustó y me generó esperanza el ver a tantos jóvenes formando un cordón en torno al creador, me conmovió, lo admito. Sentí mucha rabia y mucha vergüenza cuando vi que finalmente lo detenían. ¡Eso sí que hace daño a la dichosa “marca España”. Eso sí que da la razón a quien duda de la perfección de esta democracia que decimos tener. No, no es perfecta una democracia que necesita esbirros para mantenerse. Pero reconocer con dolor que no tenemos lo que queremos, no hace bueno ningún acto de violencia gratuita.

Estoy tan convencida de que éste no es el camino, que llego a pensar en manos que mecen las cunas y voces que arrullan a estos jóvenes y que están más cerca de Mr. Trump que de la defensa de las auténticas libertades cívicas.

 Pensemos por un momento en ese gobierno que evalúa si concede el indulto o si modifica una norma. Si lo hace hoy, parecerá que lo hace a resultas de la violencia ¡Y no faltará quienes nos lo valoren así! En cambio ¡Qué bonito paseo le han regalado a las autoridades madrileñas para aventar el mal rollo de las elecciones catalanas o el tufo que sigue llegando desde las cosicas de Bárcenas y Villarejo...! ¿Qué bien aporta a la causa de la libre expresión este jolgorio insano?

Luego lloraremos y nos preguntaremos cómo pudo pasar, pero para volver a la senda del entendimiento entre ciudadanos y al respeto por la creación y los derechos de los demás, no podemos amparar, ni justificar,  el vandalismo;  ni el de quienes arrancan los adoquines ni tampoco el de quienes se lo llevan al pleno de la Asamblea de Madrid para arrojarlo, siquiera sea en sentido figurado, a las cabezas de sus rivales.

No, todo no vale, todo no está justificado y quienes se ocupan de lo mío, deberían tener muy claro, no porque yo lo diga en este mísero blog, sino porque su altura moral y sus capacidades democráticas les dotaran para ver con más claridad cuál es la senda. De lo contrario-me sumo al sentir de muchos- tendremos que concluir que, en efecto, esta democracia es todavía demasiado precaria, demasiado imperfecta y demasiado frágil y que cualquiera puede usurparla para decir que nos defiende cuando sólo está defendiéndose a sí mismo y a lo suyo. No compro.


¿Nos resultará republicano?

     Cuanto más intentan arreglarlo, peor lo ponen. Ahora la Casa Real  pretende explicar que la llamada del rey era de cortesía y que no tenía intención institucional. El ciudadano Borbón, tan preparado, olvida que NO SE ES REY POR HORAS (A día de hoy, quiero decir, que quizá podría estudiarse a futuro, si se aceptara reformar la Constitución) olvida también que Lesmes en particular y todo el CSPJ que preside por obra y gracia de un bloqueo torticero, están en dura guerra contra el actual gobierno y que, por supuesto, iba a utilizar la llamada para ponerse medallas, más aún si las palabras usadas le eran favorables a su causa...

     O igual no, igual no es olvido, sino elección de bando, cosa que ya demostró en ocasiones anteriores con desfachatez real.

     No me sorprende que alguien que acepta ser rey en pleno siglo XXI tenga tendencias de derechas -Esas que para no existir ya, están tan hiperactivas y coleando como siempre- me sorprende que, para estar tan preparado como nos repitieron, ignore que la Constitución en virtud de la cual ostenta su cargo, le reclama neutralidad. O igual tampoco lo ignora, igual es que le importa tan poco como los ciudadanos a los que tendría que estar sirviendo en todo momento porque más que preparado vaya de sobrado.

      A estas alturas ya no sé si es que se trata de una elaborada táctica para caer por su propio peso, porque resulte que el ciudadano Felipe de Borbón sea republicano y son sus cortesanos quienes no acaban de captar las señales. Va a ser eso.

Así no. En ningún caso.

Mira que parece fácil, oye, pero en un país donde muchos y muchas no distinguen un elogio o una gentileza de un acoso, donde HASTA LOS JUECES NECESITAN que el código les explique cómo diferenciar entre abuso y juego erótico compartido, era de esperar que acabaran pasando cosas como las que hoy ocupan tertulias y portadas.

La cacareada suspensión de vacaciones de la familia Iglesias- Montero es solo la punta de un iceberg que, a diferencia de los naturales, no se derrite con el calentamiento, sino que crece y crece hasta que, si no nos ponemos a ello, nos lleve a todos al fondo como un Titanic donde la orquesta no tocará, porque estará ocupada en aporrearse con los instrumentos.

No hay duda de que en el seno del partido morado hay demasiadas INsensibilidades y que tener de portavoz a alguien como el señor Echenique no contribuye a serenar los ánimos de nadie (Temo que ni siquiera los del señor Gabilondo, que ya es decir) pero no podemos justificar las barbaridades de unos en las salidas extemporáneas de otros si de lo que se trata es de convivir en sociedad. 

A mí me resulta tan sencillo que me parece mentira tener que explicarlo, pero después de leer las pretendidas solidaridades de algunos feligreses morados y de significados miembros del PSOE -tardías éstas y poco afortunadas en demasiados casos para lo que cabría desear de un responsable (¿?) político- me tomo la estúpida molestia de explicar que SÍ HAY DIFERENCIA ENTRE ESCRACHE Y ACOSO PERSISTENTE E  INDISCRIMINADO, pero también, que LO QUE AHORA ESTÁ OCURRIENDO NO HACE BUENO LO ANTERIOR.  Es decir, que el problema de que afecte a menores lo es ahora y lo era hace tiempo, cuando los menores eran hijos de otros padres y otras madres, es más, el problema es también que afecta de forma directa a adultos no implicados como parientes, vecinos, amistades, dueños de bares y tiendas, etc. 

No estoy en contra de los escraches. Es un modo de protesta contra un señor o señora que vive de la política. Va en su sueldo aguantar que el ciudadanito de a pie le ponga la cara colorada y le haga incómodo el tomar ciertas decisiones, que no le salgan gratis. Pero estoy en contra, MUY EN CONTRA, de llamar a cualquier cosa “jarabe democrático”.  Un escrache es un ACTO PUNTUAL, LIMITADO EN EL TIEMPO Y EL ESPACIO, como lo es una manifestación. Si a Pablo iglesias, su pareja o cualquier otro dirigente, le ponemos la cara colorada al acudir al Congreso, si le bucheamos en un mítin o llevamos pancartas reivindicativas a cualquiera de esos actos de lucimiento y gloria que los políticos se auto-ofrecen, nada que objetar. Insisto, va en el sueldo. Pero si acudo a su casa, a la boda de su vecino o al restaurante en que sé que va a almorzar, estaré molestando a personas cuya única culpa fue coincidir con ese político; faltaré a las normas de convivencia consuetudinarias y además perderé buena parte de mi razón. 

Los escraches en domicilios o actividades privadas salen de mi concepto de la libertad de expresión y del ejercicio democrático y son AGRESIONES que van también contra la democracia y la convivencia.

Cosa parecida opino sobre los decires de portavoces y voceras. Hay una evidente diferencia entre un calificativo insultante (que acaso entre en el terreno de la mala educación) y una calumnia (que atribuye hechos inciertos) No es lo mismo llamarme, desnortada o gilipollas que llamarme ladrona o terrorista. Usted puede ser muy deslenguado, pero NO PUEDE ACUSARME DE UN DELITO SIN PROBARLO. Si la señora Alvarez de Toledo llamara a Echenique “perroflauta” usaría un calificativo despectivo, que acaso denotase malos modales. Si lo llama “terrorista” o “narcotraficante” estaría cayendo ella misma en delito de calumnia, salvo que puediera probarlo. Añadamos a ello, que la calificación de los delitos ha evolucionado con el paso de los tiempos. Quienes un día eran considerados agitadores o terroristas, pueden ser hoy vistos como adalides de la libertad; cosas de la evolución social. Veanse si nolos caosos de Desmond Tutu,  Martin Luther King o los abolicionistas... Con ciertas barbaridades hay que medir muy bien, sobre todo si lo hacemos desde la pretensión de defender la verdad democrática

Para concluir, la democracia y la convivencia en este nuestro país necesitan urgentemente que quienes creemos que otra España es necesaria y posible, pongamos pie en pared y exijamos alto, fuerte y sin medias tintas  un cese del “todo vale”, de los “todos son iguales” y que empecemos a practicarlo  antes de que sea tarde. Por la cuenta que nos tiene, por los que fueron, por los que no deberían ser nunca más.


DE ANCIANITOS Y ESAS CUESTIONES

 

Una de las cosas que me ha costado sobrellevar sin exabruptos durante esta crisis, ha sido la hiperveneración y sobredimensión que se da al asunto ancianidad en los medios y las redes. No porque carezca de importancia cuanto ha ocurrido, sino por el enfoque: Los que más lo merecen” “Los que más han hecho por nosotros” “NUESTROS abuelos” y muchas otras expresiones encumbradoras salen por doquier de bocas, plumas y teclados como si mágicamente, ser anciano les hubiera hecho devenir en entidades beatíficas que aleteaban sobre lo cotidiano exhalando perfume de santidad.

Es cosa común desde hace tiempo, pero parece acentuada desde la declaración de esta pandemia, el  que se trate de los ancianos con una suerte de veneración que a menudo es más fingimiento colectivo que implicación real. De pronto todos hemos descubierto que tenemos abuelos valiosísimos, amorosísimos y emeritísimos.¡Ja!

No me voy  referir solo al hecho de que muchas de las personas afectadas por este virus  lo hayan padecido en residencias en las que habían sido aparcados y apartados por sus deudos, porque siendo más que cierto que muchos familiares, amantísimos de los suyo, han padecido el desgarro de asumir que ya no pueden atender a sus ancianos como necesitan, no lo es menos que  otras personas les había faltado tiempo para alejarse de la fealdad o del incordio de los olvidos, los pañales y la carencia de pulso o de equilibrio sin tanto remordimiento como aparentan. De todo ha habido. También conozco algún caso de persona que ha preferido ella misma asilarse en un centro especializado con los ahorros que le pudieran quedar que seguir a merced de sus descendientes...

Los abuelos, como los cincuentones o como los jóvenes, son variopintos. Lo que los aúna es que tuvieron hijos y estos hijos tuvieron a su vez los suyos. Hay además quienes son ancianos por el solo hecho de que nacieron hace mucho tiempo;  ni hijos, ni legados singulares, fueran materiales o intelectuales. En todos estos años, además de seguir vivos han podido ser seres entrañables o criaturas inmundas, sabios o zopencos de talla. No, no es verdad que merecen nuestros honores porque son “la mejor generación” ni porque “han pasado las penurias de una guerra y una posguerra” eso es hacernos trampas, empezar a asumir que el resto, como ya no seremos ni serán los mejores, como no habrán ni habremos pasado por según qué  terribles acontecimientos, YA NO MERECEMOS, se nos pueden negar el respeto, y los cuidados.

Nos escandalizó el triaje cruel de las residencias y nos echamos las manos a la cabeza, creo que con razón. ¿Hubiera sido más oportuno decidir que los menores de treinta, que en su mayoría podían ser “ninis” o  al menos no tener cargas familiares, eran los sobrantes? ¿O acaso señalar a los de mediana edad que total ya han vivido lo suyo y ni van a alcanzar jubilación? ¿De qué estamos hablando?

Los ancianos, TODOS, los que fueron buenos, los malditos bastardos, los mediocres –que serán mayoría, como sucede en cada generación- los valientes y los cobardes, los que ganaron guerras y quienes siempre las pierden, TODOS, merecen el respeto, la dignidad y la protección que toda sociedad honesta y solidaria debe A TODOS LOS SUYOS, porque esa es la esencia y el sentido de vivir en sociedad, el resguardo y el amparo que el grupo proporciona a cada uno de sus individuos. No nos hagamos trampas, no dejemos que nos las hagan. NO IMPORTA  cuánto de bueno hizo un anciano por mí, importa cuánto de bueno puede hacer esta sociedad que nos hemos dado él, tú y yo por todos y cada uno de los suyos, desde el principio hasta el final.

No tiene que dolerme más una muerte que otra, no tiene porqué ser menos grave un descuido que otro. El niño porque empieza su camino, el anciano porque lo concluye y los demás porque estamos en ello. Nos necesitamos para que el puzzle esté completo. Por los recuerdos, por los olvidos, por las preguntas, por las dudas, por las esperanzas. No debemos permitirnos clasificar ni permitir que  nos clasifiquen en la dignidad ni en el amparo, no debemos permitir que nos abran fisuras por las que colar sus zumos miserables. Quienes detentan el poder- uso el verbo con plena intención- de vez en cuando nos necesitan menos juntos, menos colectivo, más individuos amontonados, para que sea más fácil que hagan sus cosas a su modo e interés. Nos inducen la percepción de las diferencias. Son las pieles, el género, la patria, la edad o el acento, Remarcan lo trascendente de esa diferencia para bien y para mal nos ordenan, nos convencen de sus clasificaciones y nos tienen catalogados y empaquetados para sus asuntos que, pocas veces son los nuestros.



Trampas lingüísticas y de las otras

     Una, a pesar de los años, no acaba de acostumbrarse a las denominaciones periodísticas, la verdad. Se pasan de los epítetos alarmantes a las suavidades contemporizadoras más inesperadas. Estos días, por ejemplo, a raíz del asunto de los fondos europeos y tal, nos mencionan a “Países frugales” y una se pierde. Frugal es mi vecina Maripili, cuando en la fiestorra vecinal, coge un espárrago para cenar, pero si teniendo buffet libre decide quitarle de la mano el espárrago a mi hijo de cuatro años en lugar de acudir hasta la bandeja a por él y además manda al crío para que le traiga una chuletita, no diríamos precisamente que qué frugal es Maripili que solo se ha comido la chuleta y un espárrago, sino que pasa a ser una víbora malnacida como poco. Pues aquí, señores periodistas, estamos en lo mismo. ¡Qué coño frugales! ¡Qué fácil la mesura aplicada a los demás desde la cuasi extorsión! Seamos serios.

     ¿Cómo no van a ser ricos los paises ricos? La táctica es impecable: Pongo a circular algo de dinero para que tengas con qué gastar en mis empresas y por ello va regresándome de modo directo, pero ADEMÁS, te hago devolver con intereses lo “prestado” de modo que vuelve a mí dos veces y con recargo, te pongo condiciones de austeridad en la gestión que hacen incómodo el día a día de tus ciudadanos hasta el punto de que tus ricos se vienen con sus dineros a mis bancos, donde les ofrezco condiciones de paraiso fiscal y sigo apretando clavijas día sí y día también. Desconfío de tu gestión, pero exijo que confíes en mí y me permitas ir y venir a mí y a lo mío por tus fronteras. Por cierto que, el dinero que circulo es dinero al que has contribuído como socio- en el caso de España como contribuyente neto- O sea soy frugal por vía interpuesta. ¿Qué tal llamarlos al menos países usureros cuando no directamente corsarios?

     Parece que negociemos con ellos con orejas gachas, como si no nos necesitaran, como si todo el peso de Europa cayera sobre sus hombros y los demás suplicáramos la merced de pertenecer a la UE, pero su pujanza y sus bienestares dependen de nosotros tanto como nosotros de ellos. ¿Dónde van a vender sus tulipanes, sus mantequillas, sus chocolates? ¿Dónde van a rustir sus culos y escotes en condiciones europeas? ¡Pues claro! En los paises del sur, en los gastones irredentos.

   Y después es cuando, dándole vueltas a la cabeza, ésta que no entiende nada, empieza a recordar que son fondos buitre HO-LAN-DE-SES quienes se tienen comprado el hospital Infanta Leonor en Madrid y andan con otras adquisiciones sanitarias de calado, recuerda también quienes en nuestro país andan y anduvieron propiciando que la sanidad española fuera cambiando de lo público a lo privado, que lo fueran haciendo otros servicios (Paradigmático el asunto de las residencias, sin alejarnos mucho)...Y empieza a entender que, una vez más, muchos europarlamentarios hispanos de banderita en máscara y muñeca estén más encantados poniéndose de parte de los paises filibusteros que del suyo propio. Es normal, para ellos la patria auténtica es la de su dinero, lo otro es decorado resultón y en ese equipo, no nos engañemos, juegan también demasiados jerifaltes de los grupos mediáticos ¿Cómo iban a permitirse llamar sinvergüenzas a sus propios compañeros de andanzas? ¡No hombre, no! Son austeros,con lo de todos, para que pase a ser lo suyo y les paguemos por ello, pero sonando bien. La temporada de rebajas ya ha empezado.


EXTRACTIVOS, EXTRAYENTES



Sólo había una tarea, estar a la altura.

Hacer caso a quienes saben apenas un poco más que el resto parecía un proyecto fácilmente asumible. Que la salud de todos fuera el asunto principal, casi el único asunto, podía parecer a los ingenuos algo de cajón, pero se trataba de eso, de ingenuidad. En menos de dos meses- se cumplen ahora- empezó a salir por determinadas grietas el fluido mal contenido  del egoísmo individual. Era de esperar. Suponer que en esta sociedad elaborada a golpe y parche íbamos a aguantar algo más que esto era creer en hadas y el españolito es más de otros entes fantásticos. Los cuentos de hadas son todos importados.

En la primera semana, mientras era todo novedad, nos llenábamos la boca de bien común y cánticos, compartíamos propuestas por las redes y nos sentíamos estupendos. Era fácil, unas vacaciones temáticas sobrevenidas, como un juego de rol o un reto. Solo quienes tenían el monstruo en casa- que no siempre era el coronavirus- percibían con terror la posibilidad de que este asunto fuera a extenderse mucho tiempo.

Sí, mientras la cosa iba de dejar que otros hagan, fue posible. Aplaudíamos a quienes tenían que jugársela ahí fuera y organizábamos los armarios. Hemos tenido hasta la ocasión de ser solidarios y creativos, cada cual a su manera, cobrando protagonismo con ocurrencias para “ayudar en redes”...

Como si fuéramos niños-Y a fe que con frecuencia lo parecemos- Nos proponían eso de “Frenar la curva” y nos suministraban cada día dibujitos. La mayoría no entendía nada, como no entienden de virología, de epidemiología o de macroeconomía, pero era estupendo para los atrevidos de codo en barra- Esos que ahora llaman “cuñados” con evidente toque machista, como si no hubiéramos cuñadas la mar de ocurrentes y peligrosas- Cualquiera había encontrado un enlace que proporcionaba la clave del asunto.

Para unos días está bien. Tiempo sabático que todos hemos añorado en nuestro hiperestructurado día a día de primermundistas. Hasta podíamos reirnos del “cuñadismo” de otros y compartir “memes” Pero esto no es un simulacro, así que- igual que cuando pasa Nochevieja empieza a entrarnos la prisa porque los niños vuelvan al cole y nos sobran las ofertas de turrón y polvorones- empezamos a cansarnos de coser mascarillas, de pintar arcoiris y seguir tutoriales de macramé o de yoga. Tuvimos que empezar a asumir que si no leíamos no era solo por falta de tiempo y que nos podían más probar las recetas de rosquillas que conseguir un culo como Beyoncé . Y el dichoso gobierno, que sigue sin devolvernos las llaves del Escaperoom.

Empiezan los problemas. Como dicen las abuelas, bien está lo que bien acaba. Pero resulta que esto no ha acabado, que no estábamos en un juego, que aún no sabemos cómo va a acabar y que los sanitarios están agotados, que el fantástico mercado que nos hemos ido dando es capaz también de especular con  EPIs, con respiradores y hasta con vidas, las nuestras.

Ha empezado el siguiente nivel y nos lo han estampado en la cara los de siempre.
Curiosamente, salta la chispa en un barrio de Madrid, no en cualquiera, en el de Salamanca (el más rico del país junto con La Moraleja, también en Madrid  y Vallvidrera en Cataluña). No los llaméis Cayetanos, ni Borjaliebers, o mejor dicho, no los toméis a broma.  Ellos ya no quieren jugar y van a volver a imponer las reglas a poquito que nos dejemos.  Quieren “libertad”, dicen. Ellos, los que pueden teletrabajar y querían colocarnos la excelencia de tal cosa-o más aún, encomendar a otros que teletrabajen para ellos- Ellos, los que pueden comprar on line con tarjeta y que tenían quien les hiciera la compra, les planchara los polos o cuidara de sus hijos cuando se ponían pesaditos, los que un día pueden pedirse a domicilio menús de cinco tenedores y otros días fingen comer bocadillos de calamares por casticismo -que no por necesidad- no tienen bastante con su emprendimiento digital y se aburren en casa. Quieren poder abrir ¿No se estarán aburriendo de sí mismos? ¿No será que les asusta valer lo mismo que los pringadillos de San Cristóbal, de Villaverde y de Carabanchel?...

Sé que hay otros ciudadanos indignados en todo el territorio y que alguno ha podido ver, desde la distancia, con cierta afinidad lo de estos días en Madrid. El gobierno no está siendo un dechado de aciertos y claridad en su gestión, eso lo vivimos todos.

Intentemos ser un poco serios. A los que llevamos dos meses sin ingresar un euro, no asusta lo que viene (No es futurología, está ya aquí, a nosotros nos llega sí o sí) pero es muy sintomático que estas personas no hayan salido a reclamar respiradores, no han corrido a las ONG´s de los barrios para repartir con sus cacerolas comidas  para quienes no pueden tirar de ahorros. Ni siquiera están estableciendo redes de apoyo a emprendedores de entre los suyos que están de verdad pasándolo mal. No hay propuestas alternativas, quieren seguir a lo suyo. No hablaron jamás de dictadura ni ante la “Ley mordaza” ni mucho menos aún ante las anteriores. Empiezan a salir, haciendo burla de “la paguita”, cuando el gobierno empieza a hablar de un ingreso mínimo vital que ya proponen muchos otros dirigentes mundiales-nada sospechosos de “bolivarismo”-o de impuestos de solidaridad (claramente definidos como TEMPORALES) para los patrimonios superiores al MILLÓN DE EUROS. No es solidaridad, ni libertad para todos lo que están reclamando, es SU libertad para seguir haciendo y no es ni su solidaridad, es poder continuar con sus limosnas cuando necesiten sentirse bien o hacerse selfies. Y es, sobre todo IMPUNIDAD para seguir con sus cosas como lo han hecho siempre.

Son un COLECTIVO EXTRACTIVO, que lleva generaciones sacando del medio las materias primas, de sus congéneres el sudor, la sangre y hasta las ideas. No son quienes construyen ni quienes crean, que no nos engañen. Recogen lo generado por otros o por la propia naturaleza y lo acaparan para sí. Son un colectivo que todo lo ha conseguido con dinero desde hace mucho, pensando siempre que pagaban demasiado y que  no se ha tomado entre tanto el tiempo de interesarse sobre lo que no pueden comprar. No han entendido aún que una parte de esa impunidad que reclaman no podría dársela ni siquiera otro posible gobierno, de los suyos, porque hay un virus pasando al cobro la factura sin mirar qué franjitas de qué colores llevas en la muñeca.

Se habían creído que hasta su salud podía pagarse y la convirtieron en un negocio más. Cuando el negocio les falla, cuando no llega, desde el estupor y el susto, empiezan a culpar a otros, pero, incapaces de aprender, en cuanto parece que escampa, quieren volver a las andadas, esas que no requerían más esfuerzo que tomarlo todo otra vez en su mano.

Están indignados, pero no por ti, no por nosotros. No nos confundamos, están indignados porque en estas condiciones de semiclausura no se sienten privilegiados, aunque continúan siéndolo y se retratan con frases tan definitorias como “No voy a resolver los asuntos de la Comunidad en la mesa donde me tomo la cena”. ¿No es obsceno cuando hay niños haciendo los deberes en una esquina de la mesa de la cocina con una tablet prestada o incluso sin tablet? Pero no, niña Isabel- solo un ejemplo-  no se da ni cuenta. Usa el mismo tono chulesco y convencido que ha usado toda la vida. Se viste de negro, se planta la bandera con el crespón de fondo de pantalla y la mascarilla al cuello y se indigna ¡Faltaría más! Porque ya está bien de no poder acudir a las terrazas de Castellana o al golf al club de campo. Y con ella se indignan los Pocholos, las Nenés y una parte de Gorkas y Borjitas y Aranchas (Con C y H, por supuesto, que todo lo euskera les da un poquito de repelús congénito, pero que como nombres que dan estatus les suenan tan bien).

En España hay otros empresarios, otros ricos, otros conservadores, los que distan de mí, de nosotros, desde la reflexión y la cordura. Esos, precisamente esos, los que servirán también para levantarnos cuando todo vaya pasando, aunque nos separe una distancia que no tiene connotaciones sanitarias,  no se van a golpear las cacerolas haciendo ruido, como las vacas mueven los cencerros cuando se las achucha con la vara. Cuidado, no nos vayamos a confundir, que estos otros no son vacas, son vampiros y ya tienen mucha sed.