"Menos mal que existen los que no tienen nada que perder, ni siquiera la historia."

Condolencias

Cambia el año, pero no cambian los usos. Han pasado algunas horas desde que unos fanáticos  islamistas irrumpieran en la redacción de la revista francesa "Charlie hebdo" A la conmoción momentánea suceden por las redes los comentarios, los mensajes, las opiniones... Y es entonces cuando Brazoleño vuelve a sentir que no tenemos remedio, que nunca nos quedará París, porque también allí- o al  calor de su duelo- se ha ido sumando otra vez el oportunismo sectario de los de todos los días.

Siempre hay un listo al que le salta el resorte flojo del aprovechamiento mediático, siempre hay quien faltando al más elemental e ingenuo respeto por las víctimas, que seguro tendrían también sus recovecos y sus tachas, encuentra la ocasión de sacar rendimiento a algo que ni iba con él ni merecía contar con su presencia.

Brazoleño ha sentido el dolor de la barbarie y lo ha sentido sin saber aún si los caídos eran dibujantes, bedeles o zapateros que caminaban cerca a esa hora. Han caído como consecuencia del fanatismo de unos descerebrados que necesitan justificarse con todo un dios- cualquiera que sea- para cargar contra aquello que no saben tolerar. Pero ¡vaya! parece que no dé igual, en pocos minutos se han llenado las redes de condolencias, pero entre ellas destacan singularmente las corporativas: Policías que se solidarizan con los policías caídos, comunistas que resaltan que alguna víctima colaboraba con "l´Humanité", dibujantes que reprochan a otros dibujantes qué dibujos eligen para el homenaje, ultraderechistas que culpan a la tolerancia de haber tolerado y ¡hasta animalistas que resaltan que alguna de las personas caídas lo era también!

Ese es siempre y tristemente el gran triunfo del terrorismo, ponernos donde merecemos, hacer evidente que, frente a ellos, nosotros somos igualmente tendenciosos, separatistas, fundamentalistas de lo nuestro. A Brazoleño, por sobre el estupor o la solidaridad le duele constatar una vez más que no todos los muertos les escuecen  igual a sus congéneres, que  rápidamente hacen compartimentos y paquetes para envolver a las víctimas.

Para lo demás no hay sorpresa, los canallas lo son dondequiera que nazcan y cualquiera que pretenda ser su coartada, nada justifica la muerte, tampoco, por supuesto, la creencia religiosa. Por muy pocos segundos, Brazoleño ha querido creer en una pizca de efecto revulsivo, en esa gotita de aroma escaso y caro a bondad humana, pero ha durado poco, ya digo. Aunque reconforte conocer que muchos musulmanes han condenado públicamente esta acción, una vez más, a Brazoleño le sabe todo esto a déjàvue y, por lo mismo,  presiente que está todo bastante más perdido de lo que queremos reconocernos. ¡Ojala que esta vez sea un error de percepción! No, yo no soy Charlie, pero podría haberlo sido.

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