"Menos mal que existen los que no tienen nada que perder, ni siquiera la historia."

A flote, poco más

Personalmente, y digo personalmente, encuentro bastante antiestética la decisión de Pdr de porponer a Dolores Delgado como Fiscal General del Estado habiendo tantos posibles fiscales. Bonito no es. Dicho lo cual me planteo: Si el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal establece que el Fiscal General del Estado será nombrado por el Gobierno ¿A qué viene el rasgarse hoy las vestiduras cuando NADA se ha hecho para modificar dicha ley reguladora de la fiscalía mientras otros eran los llamados a nombrar? ¿No será que se teme que otros deshagan lo que con nombramientos igualmente interesados hicieron los anteriores? Si tan malo es ¿Por qué no se han instado las oportunas modificaciones?
Yo, que casi nada sé de Derecho, creía entender que abogados y fiscales son PARTES, no árbitros, que tal misión corresponde al JUEZ a quien, sin tanta alharaca, se ha permitido muy a menudo tener carnet (véase sin más como hoy mismo se ha nombrado Secretario de Justicia e Interior del Pp al juez Enrique López, que también estaba ya en el gobierno de la Comunidad de Madrid y a quien en su día colocara Aznar en el Consejo General del Poder Judicial y que ahí ha seguido para JUZGAR tantos casos que podían afectar muy seriamente al Partido Popular) Es triste, muy triste, comprobar que una vez más, lo que preocupa a estos demócratas de toda la vida, no es la separación de poderes, sino su propia posible separación del poder.

No nos llamemos a engaño, confundir los intereses de "El Estado" con los propios no es mal que le ha sobrevenido de repente a Sánchez y sólo a Sánchez; que todos y cada uno de cuantos en estos días, en los pasados y en los venideros, se han llenado la boca de "los intereses de España", "el bien del país" "La mayoría de los españoles" ,"todos los españoles de bien" y otros variados alardes líricos, padecen idéntico mal con contadísimas excepciones, solo que ellos hoy no tienen en su potestad colocar a nadie en puestos significados.
Se me ocurren bastantes razones por las que un jefe de gobierno poco fuerte puede querer asegurarse de que el superior de todos los fiscales represente lo que él defienda y pocas o ninguna son buenas. No me encanta, pero sorpresa ninguna, o sí, acaso la claridad meridiana con que lo ha hecho evidente. Hay que reconocérselo, nada de simulacros: esto hay señores, hoy me toca a mí y esta es mi jugada.

Mientras estén así las cosas, mal vamos. Aunque el sentido de la marcha parezca ser diferente, queda demasiado por hacer para que esta ruta, que debería ser ilusionante, sea poco más que un apuntalamiento de lo poco que nos dejan en pie. Más necesidad que ilusión, más pragmatismo que ceguera, pero seguimos.Como casi siempre, Brazoleño a flote, poco más.

Lavando más blanco

   A estas alturas de Brazoleño, soy muy consciente de que lo que yo pueda pensar interesa bien poco, pero a ratos, en según qué días, me pongo igualmente ante el teclado con intención de soltarlo. Puede que sea solo para ordenar esas ideas que a ramalazos pasan por aquí... Así, por ejemplo, me ha dado por tratar el comentado asunto de las que llaman "tres derechas", del pretendido blanqueo de una de ellas y de todo lo que ronda sus periferias...

     Empezaré diciendo que no he entendido eso de convertir en tres la que viene siendo UNA desde hace decenios. Salvo que por aquello del nacionalcatolicismo queramos definirla hoy como UNA y TRINA (como nos contaban en las obligatorias clases de religión de entonces). No hallo diferencias sustanciales entre las esencias de estas tres entidades que se han presentado a las últimas elecciones simulando ser dispares. Es probable que se deba a mi exacerbada desconfianza, pero ni ayer ni hoy lograba diferenciar con claridad a unos de otros, pues si el portavoz A enunciaba en rueda de prensa un postulado mínimamente aperturista, de inmediato quedaba desmentido en el desarrollo posterior de la idea, con frecuencia en el transcurso de esa misma comparecencia.
   
     Se me ha dicho que el Pp es heredero directo del franquismo y de Ap, como si en C´s o en Vox no estuvieran militando personas de idéntico origen. La aparente novedad no es sino cuestión biológica. A los abuelos y padres siguen hijos y nietos. Poco a poco, tampoco en el Partido Popular quedarán demasiados actores directos de la mutación de franquista a demócrata (o a lo que sea que hubieran mutado). El Pp se había quedado un poco para las gentes de mediana edad y los veteranos. Personas con otra talla, más dadas a la argumentación extensa, a valorar la solera. Personas para las que estos pipiolitos estaban aún sin hornear, pero en conjunto, solo eran matices de la misma cuestión, solomillo al punto o poco hecho, pero solomillo al fin.

     A mi entender, lo que propició el impulso de C´s , fue la necesidad que tuvo el IBEX 35 de inventarse una apariencia de renovación que mantuviera a los desencantados en la senda del voto y no de la abstención, aún más a partir del movimiento indignado del 15 M, cuando no solo los jóvenes de la izquierda empezaron a poner en duda la vitalidad del sistema del 78. Antes ya habían ensayado en Cataluña -¿Recuerdan a los que Floriano en su momento llamara "Ciutadans"?-  La cosa había sido sencilla: cuatro o seis personajes de apariencia liberal ya conocidos y un paquete de vendedores de escuela americana, de esos que ganan en su college los concursos de debate (consistentes en defender frente a otro como tú la idea y la postura que te toque en sorteo, es decir, nulo posicionamiento, buena pose); chicuelos ambiciosos, majetes,  con ganas de ascender y a los que no se les ponga la cara colorada por defender una cosa y su contraria no ya en la misma semana, sino hasta en el mismo día.

     Si alguien imaginó por un momento que eran otra cosa,  bastaba ver como se les congelaba la sonrisa y se les tensaba el gesto cuando su elaborado mensaje no lograba calar en el periodista preguntón. Para eso no iban preparados. Las campañas de C´s, una tras otra, han sido sucesiones de frases hechas, cocinadas por algún chef medio ingenioso. Los supuestos programas, descarados refritos de todo lo que sonaba bien sin delatar qué había detrás de la ocurrencia. Habiendo sufrido en mis propias carnes esos cursos de "formación de portavoces", no me cuesta en absoluto imaginar a Arrimadas, Del Páramo o Rivera ensayando la sonrisa y la muletilla de turno ante el espejo.   "Los pactos de la infamia" parece ser la última, como antes lo fue "el pacto con el independentismo"  "gobierno Frankenstein"... y lo escuchamos una vez, otra y otra, incluso cuando ni siquiera venga a cuento porque la pregunta esdiferente. Tú procura colar "contacto directo" cada vez que intervengas, decía mi formador, como seguro que a ellos les impelían en su momento a repetir que eran el cambio sensato. Prueben a contar cuantas veces  repiten la frase del día todos y cada uno de los intervinientes de cualquier esquina del país con idéntico tono e idénticos vocablos hasta que desde arriba les instan a un nuevo eslogan... (No es que entre ellos no haya habido algún liberal bien intencionado, que puedo creer que sí, hablamos del conjunto y de su origen, aunque en las redes cayera algún ingenuo. Y, por supuesto, algunos paisanos de bien, que para eso está pensado el artefacto).
     Hasta la cuidada selección de los lugares en los que ser increpados o mal recibidos. La jugada de Valls con  el toque de atención  ("se os ve el plumero demasiado, chicos. Ya no juego");  el tironcillo de orejas de Rajoy para facilitar a Sánchez  (¿No tendría que sugerirlo a su propio partido? ¡Ah, no! que tenemos que seguir aparentando que somos diferentes otros cuantos meses) Pero seguro que de esto ya se habrán dado cuenta por ustedes mismos.

     Y en cuanto a los terceros en discordia, es de nuevo cuestión de oportunidad. Mientras en Europa funcionaba la cultura democrática postnazismo, en España, la de la modélica transición, había que demostrar lo bienísimamente bien que habíamos sabido rehacernos de nuestra pasada etapa. Pero ni la losa de Cuelgamuros había sepultado al franquismo ni las familias franquistas se habían levantado ultrademócratas una buena mañana, símplemente habían entendido que había que saber esperar (Y las esperas con pan son menos, todo sea dicho) así que siguieron con sus pingües negocios, con sus misas y homilías y con sus múltiples títulos nobiliarios, muchos de nuevo cuño y colocando aquí y allá a sus numerosos vástagos. Y, por aquello de no excederse en la endogamia, que ya se sabe que puede ser pernicioso, de vez en cuando se hacían matrimonios convenientes con familias de allende los mares, que también sabían de todas estas cosas un montón (Imagino que no necesitan ustedes nombres, pero los tengo). Ahora que en Europa caben las derechas montaraces ¿Quién tiene una mejor preparada que nosotros?

     Resumiendo, mi tesis es que nada blanquean quienes incorporan a esta tercera entidad al conjunto, la derecha española, la de siempre, la dominante, nunca ha sido otra cosa que ultraderecha. Estaba aquí y no necesitaba o no le convenía hacerse más patente, pero nunca se han ido. Son los hijos y nietos de quienes fueron, jugaban a sus cositas y tuvieron sus minutos de gloria respectivos antes de volver a la tarea que les incumbe como clase. Creer otra cosa es ser más ingenuo de lo que nuestra historia y nuestros precursores merecen. La otra derecha, esa derecha culta, ilustrada y europea que tanto podía aportar a nuestra tierra, a la serena convivencia y al progreso, está tan pisoteada y maltrecha como la dejara, hace ya muchos años, un generalito chusquero y sus secuaces. Todavía no se ha recuperado y con éstas, le costará otra larga temporada. ¿Quién blanquea a quién? De la izquierda ya hablamos otro día.

POSTDATA:
   Y mientras esto escribía, vuelven a removerse  en C´s. Se marcha Roldán y lo sustituye -¡Qué cosas, oiga!- Marcos de Quinto. Lo dicho, ya no hace falta el disimulo. Blanco como la leche ¡Y en botella!

Nôtre Dame, nôtre honte

Os ofende. Os trae por el camino de la amargura que hayan ofrecido ya cientos de miles de euros para restaurar Nôtre Dame y no haya arcas llenas para los pobrecitos de tantos otros lugares... A unos -donantes- y a otros -críticos- podría llamar hipócritas casi por igual si no fuera porque me consta que entre quienes hacen estas llamadas de atención hay mucha buena gente, personas bien intencionadas que leen y piensan "¡Oye, mira, pues es verdad!" y le dan al dichoso like y al compartir...Por eso prefiero decir tan solo que creo que se están equivocando las cosas, que errais el tiro.
Son asuntos diferentes y perfectamente compatibles, se puede lamentar con toda el alma la pérdida de un testigo de la historia europea, incluso pensar en contribuir a su reconstrucción, sin dar por buenas las desgracias que suceden en otras partes del mundo, incluso sin desentenderse de ellas. La comparación me parece de una demagogia barata y desorientada. Pongamos las cosas en su lugar, esto que se está llamando indiferencia o hipocresía tiene mucho de saturación, el hecho de que cada lunes y cada martes nos bombardeen-a nosotros, por fortuna, solo informativamente- con noticias sobre lo mal que están allende nuestras fronteras, acaba convirtiendo en normal y cotidiana la visión del niño hambriento, de los chalecos naranjas en las playas, de tantas otras cosas... (Podría pensarse que a veces hasta se trata de eso, de saturarnos para que nos acostumbremos, pero ese es otro cantar). La realidad es que nos anestesiamos. Es la dosis cotidiana de horror. Cuántos niños ahogados en las costas despues de ¿Cómo se llamaba aquel?... ¡Ah, sí! Aylan, pobre crío. ¿Y cuántos sin nombre tras él? ¿Cuántas desconocidas o innombradas en Yemen antes, durante y después de Amal Hussain?.¿Cómo se llamarían los niños de Haití? ¿Y los de Uganda?...

Nôtre Dame es un hecho puntual que, por lo mismo, destaca de entre el conjunto. Es normal que nos haya llamado la atención y, como no podría ser de otro modo, nos conmueva. Es menos adecuado que la mayoría de nosotros no sepamos que, el mismo día, ardía en Jerusalén la mezquita de Al-Aqsa, tercer lugar sagrado de los musulmanes del mundo y con innegables valores culturales -Estoy convencida de que también habrá potentados musulmanes dispuestos a contribuir para su restauración- pero se explica por la proximidad cultural y emocional, por más globales que nos pretendamos.
Por otro lado, arreglar una catedral, así sea una joya del gótico, es casi tan solo cuestión de dinero. Las piedras pueden comprarse, tienen valor y tienen precio, lo demás es mano de obra, cualificada seguramente, pero solo eso. Lo de la hambruna, los conflictos y la migración es mucho más complejo. Quedarnos sobrenadando en los dineros es caer en la misma trampa que llevamos cayendo por siglos: caridad, que no justicia, ni justeza. ¿Les llevamos unos cuantos aviones de ayuda humanitaria, un poco de nuestro modo occidental de ver la vida y ya está?

¿Quién es aquí el hipócrita? Vamos a tentarnos un poquito las ropas todos antes de lanzarnos a señalar, porque nosotros, ciudadanos de a pie, igual no podemos donar cientos de millones, cierto, pero igual podríamos no apoyar a los gobernantes y a las empresas que llevan allá y acullá la guerra, las armas o la explotación, a quienes les impiden reconstruir sus vidas, a quienes nos ofrecen las garantías de una vida que no nos tizne, que no pringue a diario. Igual podríamos pedirles cuentas y no quedarnos solo mirando la tele, las fotos de gatitos o las espantosas fotos de las redes. Igual nuestra conciencia debería activarnos a mucho más que hacer una mínima donación lavaconciencias y a compartir un texto, que ha escrito otro, reprochando a alguien que haga algo, lo que sea, si bien no es lo que habríamos esperado.

Por mi parte, desde mi escasa o nula autoridad no reprobaré a quien dona para Nòtre Dame, si me incomodan quienes, llenándose la boca de piedades y compasiones, siguen permitiendo sin decir ni mu o incluso apoyando con entusiasmo que nos manejen aquí y allá personajes dispuestos a vender armamento, a cerrar puertas y playas, a levantar muros físicos y mentales y a seguir propiciando que esas fotografías saturadoras no sean solo un recuerdo de tiempo pasado, como lo es Nôtre Dame.

Eco ¿qué?



     Cuando niña, la bolsa de la compra ocupaba un rincón del dormitorio pequeño en casa de los abuelos. Era un armatoste de cuero negro y duro que siguió sobreviviendo hasta bien pasada mi adolescencia. Luego pasó a ser espuerta para patatas. Cada semana, la abuela o la tía nos la reclamaban y salían con ella al mercado para volver con el monstruo más o menos abarrotado de paquetes de papel de estraza o de periódico que ayudábamos a sacar y a desenvolver, para ir ubicando el género en la nevera. 
     Cuando tocaba, nos enviaban “donde Belmonte” con una botella de cristal que el bodeguero enjuagaba con su grifo de presión y rellenaba luego de vino blanco directamente de la tinaja. Tres cuartos de lo mismo sucedía con el aceite -¡Ay aquella manivela fascinante que hacía descender un émbolo bajo el mostrador, que regresaba luego cargadito del líquido verdoso y volvía a bajar para llenar la botella!- y poco más o menos con la lechera de aluminio, que aún conservamos en casa reconvertida en recipiente para el azúcar...
     -Dos litros de leche. Y Blas-no sin antes burlarse de mí un rato, aprovechando que era algo mayor que yo-tomaba los jarrillos de medir y llenaba el envase, sacando el blanco líquido de las cántaras.
     -No vayas a tirarla por el camino, enana.

     Un buen día empezaron a preocuparse por nuestra salud y nuestra higiene, aunque a decir verdad, en el barrio nunca había pasado nada, y la familia de Blas tuvo que venderles la leche de sus vacas a lactarias que la esterilizaban o pasteurizaban. Ya no volví a tener que vigilar la cazuela para aflojar el fuego y esperar que subiera tres veces antes de apagar, ni pude ponerme la rebanada de pan con nata que me había ganado por mi paciente colaboración.

     Tampoco desenvolví más los paquetes de estraza con los garbanzos, ni devolví los cascos de las botellas, aunque en casa siguieron reutilizándose para enfriar agua en verano. Había llegado el progreso.

     Seguimos progresando muchos años, los pañuelos pasaron a ser “clínex”, primero solo blancos, hoy los ilustra Ruiz de La Prada o llevan reproducciones de los genios del Prado y huelen a mentol, a lavanda o a rosas, aunque sean igualmente para llenarlos de mocos. El precioso pañuelo de hilo que llevaba papá en el bolsillo de su traje de novio, se apolilla en una caja junto a sus gemelos y su llavero.

     Poco a poco hemos ido convenciéndonos, con la solícita ayuda de las autoridades competentes, de lo necesario que es alejar de nuestros cuerpos y almas todo residuo de provincianismo y con ese alejamiento, hemos ido despegando también los pies de esta Tierra que nos lleva para entrar en una espiral que conduce, seguramente, a la catástrofe. Todo se desecha, todo entra en obsolescencia y todo debe actualizarse, pero lo y los que se quedan atrás no tienen hueco. Ni lo hay para pañuelos, envoltorios o bolsas, ni apenas para abuelos o bodegueros que suministren los productos a granel... O bueno, sí, por un módico incremento del presupuesto familiar en varios cientos de euros mensuales, podemos volver a comprar los garbanzos en preciosísimas tiendas vintage con marchamo de ecofriendly que viene queriendo decir que si no es usted memo, empieza a parecerlo y yo voy a sacar partido de ello.

     No sé si sabré hacerme entender,porque no rechazo la toma de conciencia y las informaciones sobre los daños al planeta, pero si era insano que el señor Emilio me vendiera los garbanzos servidos con su teja de chapa y ataviado con su impecable mandil blanco, se me hace difícil entender porqué ya no lo es que me los sirva Noemí, la ecologista de la tienda verde. Tampoco se me alcanza qué mágico proceso bioquímico hace fiable el jabón artesano de Maripepa frente al veterano jabón casero de aceite usado de la abuela Fermina, ni acabo de entender porqué las bien echadas piezas de las sábanas que tendía Matilde en la azotea de enfrente son menos reciclado que comprarse una falda usada en el establecimiento de Malasaña.

     Una, que ya peina muchas canas, siempre ha pensado que malgastamos decenas de cosas cada mes, que abusamos más que usar y que nunca están de más llamadas al buen sentido, pero qué quieren que les diga, cuando me cuentan que me van a cobrar cinco céntimos por las bolsas del súper que yo nunca pedí que se implantaran (y que permiten al establecimiento hacerse publicidad a mi costa) o que es culpa mía que el mar esté lleno de microesferas plásticas, recuerdo que jamás he usado una crema exfoliante. Mientras me llaman al orden por cambiar de móvil, la propia administración me insta a usar apps que requieren un teléfono más moderno que el que llevo y que todavía está en buen uso... Y así todo, por lo que empiezo a temerme lo peor, que estén introduciendo un nuevo producto- todavía no sé si uno o varios- que remediará los cargos de conciencia que me han inducido en los últimos tiempos, pero que seguirá sin resolver el problema real, los modos de usar. Porque admitámoslo, amiguitos,  al capital NO LE INTERESA mi consumo responsable y comedido, sobre todo comedido, ni el de ustedes; sencillamente, se da cuenta de que por ahí no le queda mucho recorrido y da un giro de volante para llevarnos a otro recorrido igualmente ventajoso para los de siempre. Ventajoso al menos a corto o medio plazo.

     Con esto no quiero decir que yo no vaya a agobiarme- y mucho- por cómo estamos dejándoles el planeta a las generaciones que, si pueden, vendrán detrás ni que no debamos hacérnoslo mirar y mucho. Quiero decir, que ya hace tiempo que en casa reutilizamos lo posible (a veces hasta lo imposible) que no corremos a las rebajas como posesos y que seguimos rescatando el agua de la ducha para el inodoro. Buscamos más modos de reducir nuestras huellas perniciosas y agradecemos las sugerencias al respecto, pero en serio, el circo es circo, aunque lleve etiqueta verde y lo promueva la ONG mejor intencionada de este mundo.

DE REDES


     ¿En qué artículo de qué ley se especifica que para cursar la E.S.O. en España sea IMPRESCINDIBLE disponer de ordenador y conexión a internet en el hogar del alumno? La pregunta se me plantea ante las numerosas ocasiones en que los muchachos a los que doy apoyo solicitan o más bien reclaman usar mi Pc para un trabajo “obligatorio” de la asignatura X. La última hace unas horas.

     -Profe, es que me han pedido que me instale... que lo haga y lo envíe por        correo electrónico al profesor
     -¿Y ya te lo has instalado?
     -No tengo ordenador, por eso dice mi madre que lo haga aquí.
     -¿Y en los ordenadores del colegio?
     -No nos dejan usarlo sino en la clase de tecnología y en esa hora no puedo estar haciendo otra asignatura.
     -Normal...Pues va a ser que no, lo siento. Yo te enseño a hacer la tarea,        incluso podríamos ver ese programa y curiosearlo, pero no puede ser   obligatorio algo que no te permiten hacer en el propio colegio. Haremos el trabajo con los medios que tienes y lo entregarás en mano, o le dices a tu      madre que hable conmigo.

     Ni que decir tiene que mi fama de borde y rara no mejora con el paso de los meses y de los cursos, pero lo que me importa es que mejoren los chavales. Todos acaban sabiendo buscar tanto en google como en atlas y diccionarios, hacen croquis a mano alzada y, por supuesto, acaban sabiendo qué ángulos tienen una escuadra y un cartabón o cómo se usan además, claro que sí,  de usar los programas del ordenador que se han tenido que basar precisamente en todos estos conocimientos.
   
     No soy “anti-tecnología” ni pretendo seguir viviendo en el paleolítico o en tiempos de Pitágoras. Sé cuánto ha avanzado el conocimiento y cuanto más puede avanzar, pero a la hora de la verdad, seguimos calculando la altura de una torre con el teorema de Tales y orientándonos con la Estrella Polar o el movimiento del Sol en casos de emergencia  y por eso me paro a pensar en las circunstancias alrededor: Vivimos en una zona donde la cobertura no es óptima, donde algunas personas no pueden afrontar el pago de una línea ADSL y los muchachos ni siquiera disponen de ordenadores o tablets a tiempo completo en los centros docentes. Sumemos a ello esta aparente preocupación por el excesivo uso de dispositivos móviles o por el mal uso y desuso del lenguaje escrito... ¿Qué sentido tiene entonces que el profesor encomiende a un menor realizar con esos medios un trabajo que no ha explicado? Y más aún ¿Tiene sentido si después lo examinará precisamente usando los sistemas tradicionales?

     Puede parecerme excelente que se vaya abriendo camino para AM-PLI-AR posibilidades entre las nuevas generaciones, pero sortear o ignorar ciertos detalles no es ampliación sino exclusión. Poner en evidencia al alumno que no ha podido conectarse por falta de recursos u obligarle a pedir favores, dejar que las redes expliquen lo que no se hizo en clase, no me parece avance ni mejora, sino vagancia y escaso sentido de la realidad circundante, cosas ambas que están reñidas con un adecuado ejercicio profesional.

     Compañeros docentes (Oso llamarles así, disculpen el atrevimiento) me tendrán con ustedes para reclamar más y mejores medios, pero NUNCA para usar las carencias materiales como coartada para escaquearse de su tarea, lo siento. Lo he contado decenas de veces a quienes se dejan y seguiré haciéndolo mientras las neuronas lo permitan y haya a tiro alguien con paciencia para atenderme; mis primeros profes tuvieron que pintarse la pizarra ellos mismos y nos daban clase en los almacenes de un mercado, pero nos enseñaron todo lo que necesitábamos para alcanzar el Graduado en igualdad de condiciones con los de los coles “de los frailes” y “de las monjas”- que eran de pago y se suponía que menos cutres- algunos llegamos a la universidad y los hay que hasta publican libros o salen en la tele. Mis vivencias me hacen creer que nada hay que un profesor con deseos de enseñar no pueda, incluso aunque parezca que el aprendiz no tiene interés en ser tal. Si un chaval no puede aprobar en una convocatoria, que no sea porque el profesor no sabe qué hacer sin conectarlo a internet.

DoceO


     Una patria vacía y estruendosa, que pringa las fachadas y no genera amparo ni sosiego. Una patria que celebra su día sacando los ejércitos, las armas a la calle, martirizando fauna y amordazando gentes que quieren otras cosas, acaso otras patrias más acogedoras,  que puedan llevar tizne en las manos, pero no en el alma, que no se llene las bocas de soflamas mientras vuelven la espalda a la mar que las baña. 
Otras patrias serían quizá la patria. Esta es solo vergüenza y exclusión y no llevan camino de enmendarlo quienes se envuelven en ella para esconder su verdadero rostro  de todos nosotros

DE MIEDO, REFAJOS Y OTRAS COSAS.

                             -I-
     Hay niños revoltosos que no correrán por la que era su calle, niñas coquetas que no se mirarán en un espejo antes de salir con sus amigas, niños y niñas traviesos que no importunarán a sus hermanos, que no se caeán de la bicicleta ni guardarán cromos en el bolsillo... Un mal día, con esas criaturas se cruzó un destino que no debería existir para quien aún tiene tanto barro que amasar, tantos desollones por bordar en las rodillas, tantos trazos de chocolate que pintar en la cara, ... Tantos sueños que tejer, tantas pequeñas y grandes disputas por afrontar, por descubrir, por vivir. Tantos tanto se quedan pendientes, oscilando como la hoja seca en la punta de una rama que ya nunca será verde. Hay niños que no están, que no estarán, que no van a volver. No sirven los conjuros, por sofisticados que sean, ni los gurús poderosos, ni los sacrificios en los más complejos altares.

     Y hay niños que aún aquí, a nuestro lado, o en el lado de enfrente, tampoco están. Porque su corazón sigue latiendo, pero no van a ser niños nunca más. Unos y otros se nos han escondido para siempre y no habrá cómo descubrir ese oscuro agujero al que fue a parar su niñez.

     La vida y la muerte son también eso. A veces los adultos tomamos plena conciencia del  hecho de una forma brutal, desarmante. Otras veces, convivimos con ello sin consciencia hasta que, de nuevo, la cruda realidad nos sacude un buen golpe para que no olvidemos lo frágiles que son, lo frágiles que somos nosotros, que pretendíamos saber cómo guardarlos.

     Por eso no me asombran las rabias más o menos contenidas,  las riadas de escritos y las ineludibles tertulias televisadas. Tampoco me sorprenden, hoy que hay redes, los miles de hilos de todo tono y las entradas de blog, como la mía propia. Necesitamos el exorcismo.

     Lo que sí me sorprende, o mejor diré, me ofende, es cómo esas personas que llamamos a cuidarnos de nosotros mismos, esas a quienes otorgamos autoridad para que la pulsión de venganza irreflexiva no nos destruya, corren a sacar tajada de ese nuestro miedo, de nuestro daño individual y colectivo no ya como si fueran uno más de nosotros, sino peor aún, como si esa competencia que les dimos, otorgara también mayor derecho a su rabia, a su sed de venganza.

     Con todo este preludio, avanzo hacia donde  quería llegar. Quizá es que las palabras también permiten que me vaya ubicando para decir con sosiego lo que no debe decirse de otro modo, aunque el ánimo encienda otros modales...

     Duele hasta lo más hondo cuanto he escuchado sobre el crimen de Gabriel Cruz, sobre el de los hermanitos Bretón y el de Sandra Palo, sobre tantos otros. Duele y enrabieta hasta lo más íntimo, pero no somos como sus verdugos. Yo, al menos, quiero estar segura de no serlo. Por eso delegué en otros la búsqueda de justeza, por eso vivo en sociedad y acato normas que nos dimos y por eso quiero que nos vayamos dando otras. De lo contrario, habría tomado venganza en la primera ocasión de que tuve noticias, habría corrido a la plaza a lapidar o apalear al primer detenido del que supe en su día. No lo hice porque no es eso lo que quiero de mí ni de los míos. Porque quiero que la sociedad en que acepto vivir sea mejor que ellos, porque quiero pensar que es posible la redención y porque pienso también, que guardar nuestros fracasos como sociedad en un armario con cien vueltas de llave no hace sino empeorar las cosas, como cuando dejas por resolver y para otro momento el desorden del trastero , como cuando tapas con un cuadro el deterioro del muro. Cuanto más tiempo pasa, peor será lo que veas al abrir la puerta, al desplazar el lienzo. Y esa mierda va comiendo lo que sí vale, puede acabar comiéndote, comiéndonos. No, no es ese el modelo que quiero darme, porque sabe a cobardía, a asunción de incapacidades, a huída y yo quiero tener esperanza, elijo seguir creyendo en la especie humana pese a todo.

     No me sirve el relato de quien argumenta que es por previsión.Hoy en vigor,  no ha servido  para impedir que suceda lo que sabemos, no tengo porqué creer que los futuros asesinos sí se sentirán acobardados por ello. Ningún asesino piensa en la pena de después, todos están ocupados en su ahora.

     Yo no quiero que mi sociedad y mis políticos se ocupen solo en su ahora, no quiero que sean yo en mi peor yo, para eso no necesito intermediarios.Por eso, elegí no ser verdugo de mis propias causas, ni juez en ellas. Por eso acepto que la norma se deje a manos de personas que deberán ser más equilibradas, más constructivas, más justas, de ello viven y por ello les pago a través de mis impuestos. La otra opción, la que yo no quiero y cabe plantearse, es encomendar la venganza a equipos de sicarios o armarnos nosotros mismos contra ellos. Tampoco parece que ese método haya resuelto nada.

     Es mentira interesada que los condenados puedan salir en nada si alguien no se esmera en que así sea, lo que es más cierto es que para la víctima los años no pasan, nunca es tiempo suficiente para curar el daño, porque es daño incurable. Se aprende o no a convivir con esas cicatrices, pero siguen ahí, tenemos que saberlo.

     Con la ley actual, excluída la PPR,  no cabe evaluación posible antes de 20 años para las penas de 40 (2/3 de condena cumplida antes de la primera evaluación) y caben  al menos otros 20 de alejamiento de las víctimas. Esa es la norma a la que deberán someterse quienes a fecha de hoy han de ser juzgados por asesinato y, como se sabe, las penas no tienen efectos retroactivos así que, si algo había mal respecto a casos anteriores, cambiar la ley ahora no va a devolvernos nada. Lo que no se dijo o hizo en su día, no va hacerlo una norma de dudosa constitucionalidad y más que dudoso sentido social.

     Si las evaluaciones fallan, que temo lo hayan hecho varias veces, el esfuerzo deberá encaminarse a esos exámenes, a esos equipos evaluadores, a esos tribunales. Pero sepamos algo, aún así, mejorando en la redención,  es IM-PO-SI-BLE evaluar la peligrosidad de alguien en forma objetiva e infalible. Vivir tiene riesgo, por definición. nadie puede asegurarnos la ausencia total de error ni en un año ni en doscientos.

                                  -II-
     Hay calles por las que asusta pasear. Hay escalofríos privados y secretos en los subterráneos, en las estaciones de metro a las llamadas deshoras- ¿Por qué unas llevan prefijo y otras no si son todas tiempo?- Hay cautelas y trucos para ciertos riesgos que no deberían enseñarse a nuestras niñas, pero siguen ahí, en el acervo cultural de madres, hermanas, tías y abuelas.

     Acaso porque tuve que trotar pronto sin esas manos tutoras, no aprendí que debía temer lugares, compañías y usos. Por contra, fue la propia vida quien hizo que me precaviera de bastantes cosas. Creo haber conseguido, sin embargo, o al menos he intentado, no transmitir el miedo a mi hijo, acaso arriesgándome a que lo descubra por sí mismo -Los niños varones también corren sus riesgos- pero de lo que sí estoy segura es de no haberle enseñado a provocarlo en otros y me cuesta entender este mensaje de quienes culpan de todo a nuestra sociedad machista como si eso de sociedad fuera ajeno a ellos, como si hubiera sido inevitable hacer hijos matones, chulescos, abusones, violadores. Como si esos hijos no hubieran pasado por unas madres, tías, abuelas durante años.

     Por eso me preocupan, a la vez que agradezco, estas mareas de hembras enrabietadas por una sentencia. Es como si los miembros del tribunal se hubieran generado de la nada y todas fuéramos de siempre libres, igualitarias y magníficas. Puestas a exaltar nuestra grandeza de féminas, las hay que hasta aseguran que la magistrada, miembro -o miembra como le gusta a algunas- del tribunal sentenciador, no estaba a favor de la calificación que al final se ha dado al delito de Pamplona -Quizá sea cierto, pero no me suena veraz. Si así hubiera sido, qué menos que un voto particular bien argumentado por su parte. No voy a extenderme en ese aspecto- Digo que me preocupan porque a la postre, como hace un par de meses otros hechos, el asunto se saca a las calles de la peor manera, con sed de venganza y con poco más por parte de los ciudadanos, pero con un muy buen cálculo por parte de quienes llevan tiempo interesados en seguir cambiando nuestro Código Penal para sus usos.

     Bienvenidas sean  la toma de conciencia, las voces de alerta, los basta ya y el apoyo a las víctimas. Cuidado y distancia para las ocurrencias ganavotos. Cualquiera que ahora mismo nos vende los ojos de violeta con la bandera feminista para colarnos un cambio de leyes, como quien  hace dos meses se erigía en defensor de la infancia envuelto en azul turquesa, está usando nuestra rabia para sus fines. Ni es cosa de banderas, ni las leyes son tan confusas como para que no hubiera cabido otra sentencia. La prueba es que a poco que ponga oído, una puede saber que hay magistrados que discrepan de este resultado, que ni en el tribunal ha existido la unanimidad, aunque fuera para mal.

     Lo que creo que ha sucedido, que viene sucediendo y "la sociedad"- ese ente al parecer ajeno a todos nosotros y que nadie sabe cómo llega hasta las cosas- ha permitido, es que en puestos donde se deciden cuestiones sustanciales vayan situándose personas inadecuadas, más por amiguismo o razones espurias que por razón de autoridad. Ha sucedido, que no solo no se ha reciclado y dotado a la judicatura conforme a la evolución social, sino que se la ha ido enquistando y sometiendo a los designios de quienes ni quieren, ni necesitan justicia, nunca la han necesitado, y si fuera por ellos, la eliminarían o la privatizarían del todo (ya andan en ello). No digo que esta sentencia la haya dictado el gobierno, no lo creo. Digo que llevan tiempo poniendo las condiciones para que puedan ocurrir la sentencia y su respuesta y para que, a continuación, puedan llegar ellos con su bálsamo de fierabrás.

     No sé cuanto necesita cambiarse el Código Penal, creo que no tanto como alguno dice, más aún si recordamos que el actual partido en el gobierno ya efectuó una amplia reforma en 2015 en la que se excluyeron varias reivindicaciones feministas, pero si sé que solo reformando las mentalidades dejarán de ser habituales los juicios sobre si llevamos o no refajo y cinturón de castidad -duda que también se plantean a menudo demasiadas mujeres-dejara de ser habitual que esas y otras prendas sean necesarias para andar por el mundo con sosiego.

     Solo  E-DU-CAN-DO, volviendo a educar y reeducar cuantas veces se haga preciso, será menos posible que un juez, cualquiera que sea el código que aplica, se plantee la duda de si la víctima era bastante víctima o cabría que lo hubiera sido aún más y esto no es lo que me están ofreciendo los pescadores en este río revuelto. Muy al contrario.

     Lo que me ofrecen, siguen en ello también ahora, es un modelo social de incultos, pacatos, acríticos, que les dejemos hacer a ellos que todo nos lo remedian, que velen por el buen pensar controlando los medios, las quejas, los enemigos, los derechos, las leyes y cuanto les sigamos permitiendo como sociedad. Abrir la puerta a nuevas leyes en el modo en que se plantea hoy, como ya nos hicieron con otros miedos como el miedo al terrorismo, es abrirles la puerta a que vuelvan a hacer de su capa un sayo y la verdad es que entre sayo y cinturón de castidad, me quedo con ninguno.

     No compro. Repito, como decía, no quiero que la mierda pueda acabar comiéndonos. Yo quiero tener esperanza, elijo seguir creyendo en la especie humana pese a todo. Cualquier otra cosa no será en mi nombre.