¡Qué fácil es complicar un asunto de por sí complicado!¡Qué sencillo también hacer tabla rasa y eludir todos los matices de un asunto colocando etiquetas a los disonantes! En estos días, una de las conversaciones recurrentes es el contagio de ébola a un ciudadano español y las resoluciones que el gobierno ha ido tomando a ese respecto. Para los unos, el matiz se reduce a poco: Ese ciudadano tiene el derecho de ser repatriado y atendido en su pais. Se compara el asunto con la repatriación de alpinistas o cooperantes y se tacha de sectarios a los demás, quienes no lo ven claro, esgrimiendo que es la condición de misionero del señor Pajares el hecho diferencial que mueve a la crítica.
Pero el señor Pajares no viene a España por ser misionero ¿O sí? Esta ya es una duda incómoda, si tenemos en cuenta cuántos españoles afectados por enfermedades penosas aguardan en todo el mundo, cuanto tiempo se han tardado en reclamar vivos o muertos en ocasiones actuales y precedentes. Brazoleño cree que incluso en este caso se ha tardado bastante en tomar decisiones para además no hacerlo demasiado bien, al menos, no demasiado bien ni desde el punto de vista sanitario- Entendiendo que los profesionales de la salud que están opinándonos al respecto saben de qué hablan- ni desde el humanitario-¿Son menos dignos de humanidad, de consideración y respeto los enfermos que ya ocupaban esa planta desalojada? Brazoleño entiende que no.
Y en cuanto medidas tomadas y a humanitarismo para con el prójimo ¿No tienen derecho a ser tratados humanitariamente, profesionalmente, exhaustivamente los otros miles de afectados, aunque no tengan un pasaporte español? Brazoleño recuerda entonces el tan traído y llevado asunto de la globalización. Todos somos uno, menos cuando la unidad, la aldea global, comienza a ser pringosa. Entonces llega el "cada mochuelo a su olivo" cada occidental a su casita a intentar ponerse bueno y los africanos que aguanten como puedan. Ellos, a diferencia de los occidentales, no eligieron estar allí, les tocó por imperativo divino y por imperativo divino deberán afrontar las epidemias en su suelo, que de repente no es global, no es de todos, no es útil ni interesante ni humanitarizable, si es que semejante palabra existe.
Brazoleño desea que el señor Pajares sea una de esas escasas excepciones que libran con bien del patógeno, ni la menor duda al respecto, por eso se le ocurre que acaso habría sido más oportuno que las gestiones hubieran estado encaminadas a trasladarlo donde mayores garantías de atención para él y seguridad para los demás hubiesen podido darse, lo cual parece que sucedería, por ejemplo, en el hospital de Atlanta habilitado ya al efecto para otros pacientes en USA y no en el desmantelado espacio del Carlos III que ha habido que reorganizar con urgencia. Esfuerzo diplomático en lugar de prisas y carreras por los pasillos y pelotas que pasan del edificio de La Paz al del Carlos III para perplejidad de quienes hace pocos meses asistieron al desmontaje de aquella unidad "inservible"
Y puestos a plantearse cuestiones inservibles ¿Por qué no destinar el esfuerzo a trasladar no a un enfermo, sino a los equipos médicos y medios correspondientes hasta la sede del mal? ¿Qué tal movilizar a propios y extraños al propio corazón de África y hacer valiosos esas estructuras macrocontinentales que tanta ostentación y tanto boato ejercen cada año? Inservible también desde el punto de vista humanitario, le resulta a Brazoleño la prisa por aclarar que será la ONG del religioso quien abone los gastos del traslado. ¿Es tan urgente e imprescindible semejante aclaración cuando aún no sabemos quienes han abonado rescates y gastos de otras repatriaciones? ¿No será que en el fondo se tiene un puntito de mala conciencia? ¿No será que en el fondo se sabe perfectamente que no se están haciendo las cosas del modo más conveniente para todos, sino para una parte que igual ni siquiera son el señor Pajares y la señora Bonoha?
Mientras estas y otras dudas pasean por el cerebro de Brazoleño, a muchos kilómetros, en pleno continente africano, centenares de seres, no menos humanos que estos occidentales, agonizan rebozados en sus heces, sus orines y sus hemorragias sin un mal convoy que los repatrie a parte alguna, porque ni ahora ni hace catorce años, cuando ya el ébola tuvo un aterrador repunte que también se catalogó como el mayor brote de la historia, se hizo nada consistente al respecto, porque en el fondo, a los occidentales les sigue viniendo demasiado bien tener enclaves donde ejercer su humanitarismo global, una pena que de vez en cuando ese ejercicio salpique y pringue, pero siempre podemos reacomodarnos y sacarle partido político ¡menudos somos los occidentales!
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