"Menos mal que existen los que no tienen nada que perder, ni siquiera la historia."

Cremalleras

Una vez más, mientras revisa la prensa y escucha a los opinólogos del reino, Brazoleño percibe cuan lejos está de quienes en apariencia debería sentir como cercanos. Viene esta vez su sensación a cuento de las últimas noticias sobre Grecia y sobre su nuevo gobierno. Parece que a propios y extraños les incomoda sobremanera que el señor Tspiras no haya nombrado ninguna ministra. Ese acontecimiento se comenta en tertulias y redes sociales ocultando a ratos el apretón de tuercas que ya están iniciando los mercados sobre el recién nacido.

Si Brazoleño fuese aún más ingenua de lo que es, podría pensar que también los mercados lamentan la falta de paridad, pero no llegamos a tanto. Algunos de esos que tanto escándalo exhiben por la falta de mujeres en las listas de los griegos han acordado, por ejemplo, subvencionar escuelas donde se segregue a niños y niñas, aceptan una iglesia que no admite sacerdotisas y dedican sesudas disquisiciones a opinar sobre la altura de los tacones de Doña Letizia Ortiz en los actos oficiales. Son sencillamente, igualitarios de salón, pero no acaban nunca de bajar al ruedo.

Hace años, en sus primeras tomas de conciencia, Brazoleño escuchaba a aquellas que parecían saber más sobre derechos y se sentía torpe porque no alcanzaba a ver los beneficios de la paridad. Poco tiempo después tuvo la fortuna de vivir en sus carnes la bondad de tales ideas cuando fue elegida representante estudiantil por el sólido criterio de "Tenemos que poner por lo menos una chica, los de la complu tienen muchas" y a continuación "Ésta, que tiene los ojos verdes y va a primero" A Brazoleño le resultó evidente que los sólidos principios de sus electores distaban mucho de lo que ella quería pensar.

Tuvo la fortuna de encontrar en ese nuevo camino personas muy coherentes de uno y otro sexo, que no hacían su trabajo con las gónadas, sino con cerebro y esfuerzo mental y sintió confirmada aquella reflexión primitiva de que no era cuestión de nombrar sino al más capaz en cada caso. Pero cada vez que estos diálogos han vuelto a suscitarse en ámbitos como el educativo o el político, Brazoleño ha sentido de nuevo el tropiezo en la piedra de lo políticamente correcto. Procura indagar  en argumentos como "tenemos que darnos visibilidad" pero ni así. Y luego de aquello tan sofisticado de la discriminación positiva y de las listas cremallera,  ha acabado asumiendo que lo suyo no es de este mundo.

No es que Brazoleño ignore cómo en muchos ambientes se presiona y condiciona a cada individuo en función de su género De los aparentemente inocentes"Los niños no lloran" "No seas chicazo" "Cuando venga tu padre..." a las ablaciones, las lapidaciones o los abusos de toda índole hay menos distancia de la que la geografía puede mostrar en un mapa. Pero ese conocimiento no hace que perciba en qué ayudó al respeto por las mujeres la presencia de Ana Mato o Leire Pajín en un ministerio. La profunda convicción de Brazoleño en la capacidad de muchos de sus congéneres no la adquirió mirándoles la forma y posición de los genitales, sino viéndoles ejercer sus labores, cualesquiera que fuesen. A Brazoleño no le cabe duda de que por ejemplo, todo amante de la biología considera eminente a Dianne Fossey, que no se le ha ocurrido plantearse dudas respecto a sus capacidades para la tarea que desempeñó- O en todo caso, tienen más dudas en cuanto a sus artes diplomáticas que a las derivadas de su condición femenina- y acaso les sorprenda saber que en pleno corazón de los Virunga, uno de los productos que solicitaba a la civilización eran barras de labios. Prescindiendo de sus enfoques políticos, no conozco a nadie capaz de rebatir la talla política de Margaret Tatcher, aunque le haya supuesto dar su nombre a una plaza en este Madrid, hoy en manos de una mujer que no parece aportar gran crédito a nuestro sexo. Hasta Brazoleño se sorprende de estar citando a esa persona tan lejana en fondo y forma a sus convicciones, pero es cierto que Mrs. Tatcher llegó donde llegó sin cremalleras, sin cuotas y sin renunciar a sus faldumentos ni a los quintales de laca en su cabello. ¿Quién en su sano juicio le hubiera denegado el acceso?

El trato justo y equitativo nace desde el hogar, desde la escuela, desde las aceras del barrio y es allí donde deberíamos poner el acento. Si una familia griega debe elegir entre calentarse o comer, dudo muy seriamente que les importe que quien resuelve esa papeleta lleve bajo la cremallera de su bragueta unos gallumbos o unas bragas. Las únicas cremalleras que cobren importancia serán las de las ropas que les abrigan mientras tanto. Seguro que había algunas mujeres griegas que podían resultar buenas ministras, como puede haber algunos hombres que quizá habrían desempeñado mejor los cargos para los que se ha designado a éstos que hoy nos cuentan. El tiempo dirá si hacen bien o mal su tarea y ese será el verdadero meollo de la cuestión. Que los niños griegos puedan ir a las escuelas a aprender quienes eran  Diane Fossey o Margaret Tatcher y decidir si quieren emularlas e incluso superarlas y que no importe qué postura toman para ir al baño, sino cuanto valen para esa emulación.

No piensa Brazoleño en la inutilidad de una lucha contra el sexismo de cualquier signo, sino que se opone muy sinceramente a que esa lucha sea solo aparente. Brazoleño no anhela intercambiar una cuadrícula por otra. Si ayer no podía haber mujeres en ciertos puestos, que las haya ahora a toda costa no es más que un signo de impotencia, de asunción de la incapacidad de que eso vaya sucediendo por su propio peso. No, las mujeres europeas no necesitamos cuotas preestablecidas ni pensamiento unidireccional, aunque sea en una dirección distinta de la anterior, necesitamos que nos sea igual de difícil  acceder a cada puesto. Convencida como está desde muy niña de no valer más ni menos que cualquiera de los machos con que se relaciona cada día, Brazoleño no quiere estar ahí porque toca intercalar una vagina en el dentado de la cremallera con que se cierra la auténtica equidad de trato.







Condolencias

Cambia el año, pero no cambian los usos. Han pasado algunas horas desde que unos fanáticos  islamistas irrumpieran en la redacción de la revista francesa "Charlie hebdo" A la conmoción momentánea suceden por las redes los comentarios, los mensajes, las opiniones... Y es entonces cuando Brazoleño vuelve a sentir que no tenemos remedio, que nunca nos quedará París, porque también allí- o al  calor de su duelo- se ha ido sumando otra vez el oportunismo sectario de los de todos los días.

Siempre hay un listo al que le salta el resorte flojo del aprovechamiento mediático, siempre hay quien faltando al más elemental e ingenuo respeto por las víctimas, que seguro tendrían también sus recovecos y sus tachas, encuentra la ocasión de sacar rendimiento a algo que ni iba con él ni merecía contar con su presencia.

Brazoleño ha sentido el dolor de la barbarie y lo ha sentido sin saber aún si los caídos eran dibujantes, bedeles o zapateros que caminaban cerca a esa hora. Han caído como consecuencia del fanatismo de unos descerebrados que necesitan justificarse con todo un dios- cualquiera que sea- para cargar contra aquello que no saben tolerar. Pero ¡vaya! parece que no dé igual, en pocos minutos se han llenado las redes de condolencias, pero entre ellas destacan singularmente las corporativas: Policías que se solidarizan con los policías caídos, comunistas que resaltan que alguna víctima colaboraba con "l´Humanité", dibujantes que reprochan a otros dibujantes qué dibujos eligen para el homenaje, ultraderechistas que culpan a la tolerancia de haber tolerado y ¡hasta animalistas que resaltan que alguna de las personas caídas lo era también!

Ese es siempre y tristemente el gran triunfo del terrorismo, ponernos donde merecemos, hacer evidente que, frente a ellos, nosotros somos igualmente tendenciosos, separatistas, fundamentalistas de lo nuestro. A Brazoleño, por sobre el estupor o la solidaridad le duele constatar una vez más que no todos los muertos les escuecen  igual a sus congéneres, que  rápidamente hacen compartimentos y paquetes para envolver a las víctimas.

Para lo demás no hay sorpresa, los canallas lo son dondequiera que nazcan y cualquiera que pretenda ser su coartada, nada justifica la muerte, tampoco, por supuesto, la creencia religiosa. Por muy pocos segundos, Brazoleño ha querido creer en una pizca de efecto revulsivo, en esa gotita de aroma escaso y caro a bondad humana, pero ha durado poco, ya digo. Aunque reconforte conocer que muchos musulmanes han condenado públicamente esta acción, una vez más, a Brazoleño le sabe todo esto a déjàvue y, por lo mismo,  presiente que está todo bastante más perdido de lo que queremos reconocernos. ¡Ojala que esta vez sea un error de percepción! No, yo no soy Charlie, pero podría haberlo sido.

NO SOY TERESA


Hace días que Brazoleño despierta con mal sabor de boca. No es que los meses anteriores dieran para mucho, pero la realidad se empeña a veces en torcer lo que no estaba derecho y en acentuar las negruras de un modo especial.
Las primeras noticias sobre un rebrote del llamado virus de ébola calentaban los interiores de los periódicos o entristecían alguna columna sin molestar demasiado. Hasta se colaban en televisión. Pero el asunto venía para pasarse una temporada entre nosotros.

Empezó a irse de las manos de las ONGs, saltando a países menos alejados del primer mundo y a reclamar más minutos hasta que a algún lumbreras, tampoco indaguemos mucho, se le dio en confundir empatía y caridad con temeridad. A partir de ahí todo ha venido rodado. Aunque la práctica sanitaria común recomiende aislar y mover lo menos posible los focos de contagio, de pronto empezó a preocupar que los pobres blancos se muriesen allí, rodeados por quienes habían sido su familia de facto, pero lejos de sus parientes legales. Esos derechos que no se favorecen cuando el enfermo está a tres cuadras de distancia, pero sus familiares no tienen para el autobús, ni cuando cada uno vive a un lado de una frontera ideológica, o sencillamente burocrática, los que son opinables cuando se trata el reagrupamiento,  se pusieron en valor para comenzar a repatriar enfermos del actualísimo virus…

Fue la coartada que animó a muchas autoridades, y entre ellas las nuestras,  que repatriaron sucesivamente a tres españoles (con Pajares venía otra persona que resultó no padecer ébola, pero que podría haberlo padecido según los síntomas con que fue embarcada). Esta fue la razón aducida, la humanidad ¿Me permiten carcajearme? Brazoleño ya lo hace, aunque con una risa helada y triste. ¿Humanidad? ¿Es humano dejar a los compañeros no hispanos en tierra cuando el avión tenía al menos otra plaza, restregarles su pasaporte africano? Ese esfuerzo económico y logístico ¿No podría haberse hecho antes para embarcar medios básicos y hacerlos llegar a aquel hospital? Esa misma Guinea con cuyo presidente se codeaba el nuestro pocos días antes del evento, sin importarle su condición de dictador ¿No era cuna idónea para hacer a Paciencia Melgar merecedora de humanidad? Visto lo visto, igual hay que pensar que mejor para ella y que el espanto de verse abandonada a sus fuerzas y a sus anticuerpos valía la pena. Les valió la pena, al menos, a esos mismos desalmados que menos de un mes después de su victoria contra la enfermedad le reclaman la sangre y ponen a su disposición un avión, ahora sí, para intentar desfacer algún entuerto…

Brazoleño siente que el teclado no da para expresar toda la indignación y toda la repugnancia que esta historia le produce, pero sigue pensando. Piensa qué anima los cerebros de quienes ejercen el poder sanitario y mediático de su país. Qué clase de construcción mental puede llevar a ningún responsable a encarar con chulería tabernaria un contagio, qué tipo de calidad emocional y moral puede llevar a alguien a decidir que otro alguien no se suba a un avión y con el mismo cuajo, ofrecerle luego plaza para sacarle la sangre en sentido literal y figurado, como si de un thriller gore se tratase. No hay teclado que lo exprese.

Es tanta la rabia, la repugnancia, que a Brazoleño le cuesta volver al título de esta entrada. “No soy Teresa” se refiere a Teresa Romero, esa auxiliar de enfermería-que no enfermera- contagiada por el dichoso virus y que a estas horas parece haber podido con él, ayudada-nos dicen- por el suero de Paciencia Melgar, superviviente también al virus y a los despropósitos humanos…  Estas dos mujeres, cada cual a su manera, han encarado al virus, se han remangado figuradamente-que en otra forma no era recomendable- y han estado limpiando esputos, heces y vómitos, aseando cadáveres para que tuvieran un mínimo de dignidad aún en ese trance último, dignidad que otros, sin remangarse ni perder el pulso, les negaron a ellas dos, cada una en su ámbito y a su manera. Ambas se han contagiado en ese esfuerzo y han conseguido que sus respectivos organismos derroten al ébola.

Nadie le pidió explicaciones a Paciencia sobre su contagio, la dejaron allí a su suerte, sin preocuparse de si sus calzas,- en caso de tenerlas- habían estado bien sujetas, de cómo se desvistió o de si se tocó la cara. Bastante hicieron con no dejarla subirse a un avión que tenía plaza, pero que no iba a Guinea. Sin embargo, desde que empezó a parecer que superaría esta espantosa muerte, empezó a cobrar interés para los blancos de acá.

Mientras, ni escarmentados ni prudentes, esas autoridades tan humanas y solidarias, decidían que podían volver a intentar otra repatriación (del envío de ayuda seguían debatiendo en los foros internacionales con las restantes autoridades humanas y solidarias como ellos). Para ese entonces, ya se había bajado aún más la guardia, ya se había empezado incluso a sacar pecho ante el mundo y a presumir de gestión, jugar al póquer cuando las fichas son las vidas de los demás es muy fácil y suele ser divertido.

De lo sucedido a continuación hemos leído y escrito casi todos, pero en esencia baste decir que de tanto ir a la fuente del ébola- por cierto, pobre río de nombre maldito ya para siempre-el cántaro se rompió por donde cabía esperar, una auxiliar, que no enfermera -de ahí que estuviera aún más expuesta, por ser quien se ocupa del trabajo grueso de la atención médica-. ¿Podría haber sido cualquier otro sanitario? Seguramente sí, cuanto nos han contado hace pensar que sí, que incluso el jefe de pista del aeropuerto si se lo llegan a proponer con un poco más de empeño hubiera podido caer infectado. Sin duda, no las autoridades humanas y solidarias que desde sus despachos, sus congresos y comités continuaban decidiendo qué hacer en Africa y descargando tarea en las ONGs. La aldea es global, no igualitaria.

Pero Brazoleño no es Teresa, ni tampoco es Paciencia, así que no sabe con qué cuerpo encara uno el después, el haber vivido en una burbuja maldita para salir con sus anticuerpos a encarar tanto patógeno irremediable como les espera a ambas. Por un lado la basura que aún estarán dispuestos a echar encima muchos de esos humanos y solidarios congéneres que no han tenido empacho en usar de ellas para salvar el propio culo -infecto por más que se lo froten-que continuarán sin tener empacho para ello. No sabe tampoco cómo encara una la distancia, el recelo de algunos, el estigma que, muy a su pesar deberán percibir cuando vuelvan a sus vidas, cómo atender al zarandeo mediático, al uso y abuso que muchos harán de esta vergüenza. Porque sí, esto es una desdicha, pero sobre todo es una vergüenza. Una vergüenza que se siga dilucidando qué y cómo se hará para afrontar el virus en tierras africanas mientras se dilapidan esfuerzos y dólares en atender las mal llamadas necesidades de este primer mundo. Vergüenza que se siga malenviando ayuda institucional y fiando lo poco de bueno que allá  se hace a las ONG´s…

Una vergüenza que todo este caos de dos semanas vaya a servir para que algunos próceres y “próceras” (en consideración a la corrección feminista que nos asedia )estén ya apresurándose a presumir de sanidad pública -Sin ir más lejos, Doña Cristina Cifuentes ya en twitter, que le ha faltado tiempo a la pobre mujer- o para que algunos oportunistas se desparramen ya solicitando medallas y condecoraciones a través de change.org, (que del otro lado también hay lo suyo).

No son Teresa esta caterva de aprovechados con moral delicuescente que se aprestan a sacarle la sangre mediática cuando apenas ha cambiado de planta del hospital. Tristemente, ni la sangre de Teresa, ni la de Paciencia, servirán para detener el virus en el lugar de origen, en ese punto por el que este mundo nuestro sigue muriéndose entre vómitos sanguinolentos, heces y fiebre. No. Esta crisis acabará pasando, porque siempre hay Teresas y Paciencias que lo recogen todo hasta empeñar la vida.

Pero Brazoleño no es Teresa, de ahí que haya venido con sus vómitos hasta aquí.  La realidad es incluso más sucia.

On the rocks y más allá


Cuando comencé a topar por estos cibernéticos mundos con retos del tenor de "¿A que no subes una foto vestido con el camisón de tu prima?", "Remoja más y mejor a tu suegro cuando esté durmiendo", "Muestra tu peor imagen de infancia al mundo" me temí lo peor. No sabemos si lo peor aún está por llegar, pero por el momento ha llegado una campaña de famosos on the rocks que, amén de otras cosas parece contar incluso con víctimas mortales.Lo ideal.

Los más optimistas hablan del poder de las redes sociales y se felicitan porque gracias a ellas, los enfermos de esclerosis lateral amiotrófica han cobrado visibilidad. Deberé admitir que en un primer momento pensé lo mismo, si está majadería lograba llevar a las arcas de alguna ONG unos aportes extra, no había de ser malo. Pero qué le vamos a hacer, una de las pocas cosas que Brazoleño puede reprochar a sus ascendientes es que le hayan dejado como herencia un enorme, a veces excesivo, sentido crítico... Así que en pocas horas comenzaron las dudas, las preguntas, el disgusto y hasta la indignación.

La campaña del cubo y los cubitos está sirviendo sí para muchas cosas, la primera, para constatar hasta que punto somos majaderos los humanos occidentales. No diré, porque ya lo dicen otros, cuántos famosos y famosillos dan con esto un toque chic a sus anodinos devenires veraniegos, tampoco, que decenas de ciudadanos ahitos de camisetas mojadas y aullidos de toda tesitura, hayan dejado de prestar atención al asunto sin llegar a saber siquiera qué cosa sea la ELA. Lo que ciertamente me mueve a la indignación, una vez pasada la etapa de indiferencia y la de escepticismo, son los hechos comprobados y comprobables, a saber, la gran mayoría de los ciudadanos continua in albis (que aunque caída en desuso es expresión que viene a decir que ni repajolera idea) segundo, parece que la carrera de fotos y vídeos con individuos chorreantes ha sido mucho más eficaz que la llegada de medios a la asociación a que se pretendía apoyar, es decir, para no perder la buena costumbre, nos quedamos en lo superficial.
Tercero, mientras sigue corriendo el agua por arroyadas en estos cibernéticos enclaves, los enfermos de esclerosis lateral amiotrófica aquí, a nuestro lado,curiosamente,  en ese mismo hospital que se rehabilitó a toda prisa para acoger al sacerdote enfermo de ébola hace pocas semanas - Por cierto ¿qué sabemos de la epidemia  del virus ahora que ya no hay hispanos padeciéndola?... Bueno, no nos desviemos del tema, digo, dicen ello smás bien, que tienen que denunciar que  la atención que reciben sigue empeorando por el desmantelamiento del hospital Carlos III:
(http://www.elboletin.com/nacional/103646/desmantelamiento-carlos-iii-enfermos-ela.html
http://www.cadenaser.com/local/articulo/enfermos-ela-denuncian-atencion-carlos-iii-ha-empeorado/csrcsrpor/20140827csrcsrloc_7/Tes)

Mientras eso sucede, el señor Monago, a la sazón Presidente de la Comunidad Autónoma  de Extremadura, en lugar de plantarle la mosca a su compañero de partido señor González, pues se suma al tema del cubito, nos sube la foto y reta a su otra compañera, de Madrid también ella y del mismo partido político, Doña Cristina Cifuentes, que valorará con su equipo de asesores si el remojón le ayudará a ahuyentar aún más lejos los espectros de Botella o Aguirre. A los enfermos entre tanto, que les vayan recetando algo fuertecito.

Fuertecito, por no decir algo peor, resulta otro vídeo, este procedente de Italia, en que el descerebrado mentor de un loro amazonas, que cobro momentos de popularidad por presentárselo al papa en medio de la Plaza de San Pedro, haya decidido sumar al pobre animal a la campaña. Tal como lo leen. Lo peor, que no solo no se lo han confiscado y le han sancionado por maltrato, sino que la filmación puede ser eso tan deseado que los modernos llaman trending topic.

Pero quedarnos por aquí, sobrenadando entre el granizado de barbaridades e incoherencias nos lleva a Brazoleño y a mí aún más lejos ¿No se nos congela el alma de la vergüenza? ¿Cuántos de nosotros hemos sucumbido a esta u otras campañas y tranquilizado nuestro corazoncito rascando en el maltrecho bolsillo para donar? Y lo pienso muy seriamente ¿Somos capaces de hacer correr una campaña como ésta y no somos capaces de hacer correr a nuestras autoridades para que destinen fondos a la investigación, al tratamiento directo? ¿Comentamos en chascarrillos de bar cómo han vuelto a jugárnosla y seguimos sacando ese dinero que decimos no tener para parchear la penosa situación de estos enfermos? ¿Y después qué? ¿Qué sucederá cuando lleguen los fríos y no quede ya tan sugerente la famosilla de turno con la batamanta empapada? ¿Y esas otras enfermedades que tampoco se investigan pero no han tenido la fortuna de una ocurrencia mediática? ¿Qué estará sucediendo mientras tanto en los territorios del ébola, donde el agua limpia no es un juguete y tampoco llegan los cubitos? ¿Quién se mojará por los enfermos de una sencilla gripe que este año igual no van a poder tratarse? ¿Seguiremos poniendo parches para salvar la cara dura a los politicastros de aquí y de allá? Pues sí, seguro que sí. ¡Somos tan nuestros! Así que me voy a preparar mi cubo bien fresquito, porque seguro que cuando menos lo espere, también algún conocido me nomina y no voy a ser menos que Ronaldo ¡Estaría bueno!



GloEbolización

¡Qué fácil es complicar un asunto de por sí complicado!¡Qué sencillo también hacer tabla rasa y eludir todos los matices de un asunto colocando etiquetas a los disonantes! En estos días, una de las conversaciones recurrentes es el contagio de ébola a un ciudadano español y las resoluciones que el gobierno ha ido tomando a ese respecto. Para los unos, el matiz se reduce a poco: Ese ciudadano tiene el derecho de ser repatriado y atendido en su pais. Se compara el asunto con la repatriación de alpinistas o cooperantes y se tacha de sectarios a los demás, quienes no lo ven claro, esgrimiendo que es la condición de misionero del señor Pajares el hecho diferencial que mueve a la crítica.

Pero el señor Pajares no viene a España por ser misionero ¿O sí? Esta ya es una duda incómoda, si tenemos en cuenta cuántos españoles afectados por enfermedades penosas aguardan en todo el mundo, cuanto tiempo se han tardado en reclamar vivos o muertos en ocasiones actuales y precedentes. Brazoleño cree que incluso en este caso se ha tardado bastante en tomar decisiones para además no hacerlo demasiado bien, al menos, no demasiado bien ni desde el punto de vista sanitario- Entendiendo que los profesionales de la salud que están opinándonos al respecto saben de qué hablan- ni desde el humanitario-¿Son menos dignos de humanidad, de consideración y respeto los enfermos que ya ocupaban esa planta desalojada? Brazoleño entiende que no.

Y en cuanto medidas tomadas y a humanitarismo para con el prójimo ¿No tienen derecho a ser tratados humanitariamente, profesionalmente, exhaustivamente los otros miles de afectados, aunque no tengan un pasaporte español? Brazoleño recuerda entonces el tan traído y llevado asunto de la globalización. Todos somos uno, menos cuando la unidad, la aldea global, comienza a ser pringosa. Entonces llega el "cada mochuelo a su olivo" cada occidental a su casita a intentar ponerse bueno y los africanos que aguanten como puedan. Ellos, a diferencia de los occidentales, no eligieron estar allí, les tocó por imperativo divino y por imperativo divino deberán afrontar las epidemias en su suelo, que de repente no es global, no es de todos, no es útil ni interesante ni humanitarizable, si es que semejante palabra existe.

Brazoleño desea que el señor Pajares sea una de esas escasas excepciones que libran con bien del patógeno, ni la menor duda al respecto, por eso se le ocurre que acaso habría sido más oportuno que  las gestiones hubieran estado encaminadas a trasladarlo donde mayores garantías de atención para él y seguridad para los demás hubiesen podido darse,  lo cual parece  que sucedería, por ejemplo, en el hospital de Atlanta habilitado ya al efecto para otros pacientes en USA y no en el desmantelado espacio del Carlos III que ha habido que reorganizar con urgencia. Esfuerzo diplomático en lugar de prisas y carreras por los pasillos y pelotas que pasan del edificio de  La Paz al del Carlos III para perplejidad de quienes hace pocos meses asistieron al desmontaje de aquella unidad "inservible"

Y puestos a plantearse cuestiones inservibles ¿Por qué no destinar el esfuerzo a trasladar no a un enfermo, sino a los equipos médicos y medios correspondientes hasta la sede del mal? ¿Qué tal movilizar a propios y extraños al propio corazón de África y hacer valiosos esas estructuras macrocontinentales que tanta ostentación y tanto boato ejercen cada año? Inservible también desde el punto de vista humanitario, le resulta a Brazoleño la prisa por aclarar que será la ONG del religioso quien abone los gastos del traslado. ¿Es tan urgente e imprescindible semejante aclaración cuando aún no sabemos quienes han abonado rescates y gastos de otras repatriaciones? ¿No será que en el fondo se tiene un puntito de mala conciencia? ¿No será que en el fondo se sabe perfectamente que no se están haciendo las cosas del modo más conveniente para todos, sino para una parte que igual ni siquiera son el señor Pajares y la señora Bonoha?

Mientras estas y otras dudas pasean por el cerebro de Brazoleño, a muchos kilómetros, en pleno continente africano, centenares de seres, no menos humanos que estos occidentales, agonizan rebozados en sus heces, sus orines y sus hemorragias sin un mal convoy que los repatrie a parte alguna, porque ni ahora ni hace catorce años, cuando ya el ébola tuvo un aterrador repunte que también se catalogó como el mayor brote de la historia, se hizo nada consistente al respecto, porque en el fondo, a los occidentales les sigue viniendo demasiado bien tener enclaves donde ejercer su humanitarismo global, una pena que de vez en cuando ese ejercicio salpique y pringue, pero siempre podemos reacomodarnos y sacarle partido político ¡menudos somos los occidentales!

Las mejores vistas

El joven lleva su mano derecha sobre la frente para que el sol no le deslumbre, para que no le limite la visión. Con una ligera tensión, apoya la otra mano sobre su rodilla. Hay al lado más jóvenes sentados,como alineados, con sus blancas camisas impolutas, casi refulgentes bajo los rayos de un sol intenso, que en ningún caso podría llamarse de justicia.
En los últimos días, en las últimas horas, Brazoleño ha asistido con espanto a una nueva oleada de ataques en Gaza y piensa que nada de cuanto intenten explicarle va arrancar de sus ojos y su pecho, el horror de esta imagen.
No hay sangre, no hay humo, ni madres corriendo por las calles, hay solo, exclusivamente, un sol de Julio brillando sobre las camisas almidonadas de media docena de jóvenes israelíes que se han sentado a mirar los bombardeos, así, tal cual, como se escribe, como las vacas miran pasar al tren,  acaso-piensa Brazoleño- como todos  nos sentamos ante el televisor para ver qué se cuentan los noticiarios.
El sol no es de justicia, las guerras, tampoco. Nunca los son. No importa quien las haga, ni quien las mire.

Jóvenes israelíes observan los bombardeos sobre Gaza desde Sderot dice el pie de foto de "El País"


De alineación

Pensaba que uno de los escasos beneficios de tanto recorte era precisamente el recorte de los recortes... Asumo que el juego de palabras no es brillante. Solo quiero indicar que con la reducción de inversiones en asuntos públicos, parece que habían dejado de torturar  álamos, chopos o sóforas por los paseos urbanos. Los que el concejal de turno, asesorado por algún técnico municipal,  llama árboles de alineación.

Ninguno de mis profesores designaba así a los árboles de las calles que, sofocados en alcorques de mínima dimensión, se colocan alineados  de cinco en cinco metros y bla, bla, bla. Esas pobres criaturas que soportan meados de perros y cristianos, nidos de palomas-ahora con frecuencia de cotorras invasoras- carteles de venta de pisos o de clases particulares y también, a eso vamos, los golpes de inspiración del encargado municipal o las quejas de vecinos que compraron su vivienda en un segundo piso, ignorando que aquellos palitroques resistirían, echarían brotes y ramas hasta alcanzar sus vistas. Como no quiero perder el hilo, no profundizaré en el motivo por el cual muchos de estos mismos, colocan después toldos de lona decorados con ramas o le ponen cenefas de enredaderas a sus visillos para evitar el resol de mediodía...

La primera vez que escuché la famosa expresión, cargada de  un preocupante tono despectivo, fue bastante antes de que a la Thyssen le diera por encadenarse a uno cerca de su museo y, desde luego, no me sacaron en prensa, pero estaba yo reivindicando el derecho a seguir vivos de unos centenarios plátanos en el Paseo de la Florida. Mi interlocutor, tras aguantar durante un rato mis argumentos, soltó la frase: "Pero si sólo son árboles de alineación, por favor" y me dejó tan estupefacta que no quise seguir hablando, de hecho, no pude ni seguir conversación ninguna. Pagué mi refresco y me volví a casa rumiando la expresión. 

De alineación. No importa su adaptación a las rutinas de la jardinería utilitaria y la precariedad de trato, ni su valor ambiental, ni las iniciales talladas destrozando su corteza, ni su pelea contra las inclemencias del desamor vecinal, ni siquiera su edad. Están ahí y si estorban, se quitan. Ya alinearemos otros en cuanto se pueda.

Suele suceder que algunos ejemplares no se resignan a adaptarse y así, se inclinan peligrosamente a despecho del tutor, levantan las aceras o rebrotan por debajo de la cruz en formas no programadas. Algunos hasta tienen la ocurrencia de acoger algún hongo o alguna plaga de xilófagos.

Pero la ciudad no da tregua a tales licencias. Pronto llegarán los operarios correspondientes a recortar cuanto estorbe-que no suele ser lo mismo que recortar lo que sea necesario- Lo complicado, decía mi profesor de arboricultura, es que si se empieza a tocar, no se puede cortar aleatoriamente, ni detenerse sin más un buen año. Hay que hacer un proceso cuidadoso para no romper el equilibrio…

Y así, mientras trato de sanear una vieja herida en el sauce de mi patio -al que un propietario anterior tampoco debía tener en gran estima- recordando mis clases, ha nacido la idea: También nosotros somos ciudadanos de alineación. Nos colocan, nos sitúan para ornato, nos podan o talan a conveniencia y nos sustituyen por otros, como a los arces. Somos lo mismo en las cabezas de quienes administran todo esto. Si hace falta, se quita alguno, ya repondrán cuando salgan las cuentas.

Y suele suceder, sí, que alguno sortea el alcorque -por no decir que mea fuera del tiesto, que sonará mucho más feo aunque tiende a ser verídico- que alguno se resiste a los tutores y se empeña en rebrotar a contrapié. Pero rara vez tendrá éxito, suele haber operarios prontos al ajuste. No somos importantes en nuestra individualidad, en nuestros modos de adaptarnos o de ser singulares, a nosotros pueden recortarnos, transplantarnos o talarnos para colocar después a otros cuando queden bien, cuando la coyuntura lo haga oportuno. Ciudadanos de alineación.

Y al rato de todo esto, revisando noticias, me entero de que la rama de un árbol ha caído sobre un hombre en el parque de El Retiro y lo ha matado. Al hilo de la trágica noticia ya surgen quienes comentan  que debido a los recortes se habían recortado de seguir recortando. Seguramente no estudiaron con mi profesor de arboricultura. Pero no importa, ya lo sustituirán (Al árbol, claro ¿Qué pensabais?).