Desde que comenzó todo este asunto de la pandemia CoVid19, asisto -a ratos con perplejidad, otros francamente divertida y muy a menudo con auténtica indignación- al recital de insensateces, pretendidamente informadas, de muchos que en radio, televisión y periódicos se permiten opinar sobre el asunto.
De pronto todos han devenido en expertos epidemiólogos, microbiólogos, neumólogos y cuantos logos queramos adjudicarles. Nunca serán suficientes los títulos para cubrir el amplio espectro de los saberes que se autoatribuyen con desparpajo mediante el uso y abuso de su opinión, sin más. Juegan a la confusión y enuncian cuanto les pasa por la cabeza sin diferenciar entre aquello que han aprendido y aquello que sencillamente se les ocurre a sus mentes preclaras. Día tras día, van sirviendo este sopicaldo tóxico en las mentes de los ciudadanos desprevenidos, propagando males que acaso en lo físico parezcan más llevaderos que el SARS-CoV2 pero que en lo mental son muy difíciles de combatir si no prevenimos y lo tomamos muy en serio.
Puede que algunos de los que me conocen les sorprendera que diga esto, pero creo que uno de los mayores errores ha sido contarnos muchas cosas para las que la mayoría no estamos preparados, ignorar que los medios, que hubieran estado llamados a transmitirlo y acaso cooperar, estaban tan sesgados contra una parte de este gobierno que no iban a ocuparse sino en buscar el error o incluso en crearlo.
A base de contravenir todo principio ético y científico, han conseguido instaurar la duda y la desconfianza incluso en cosas que nunca habían sido de otro modo y que no pueden serlo en el futuro.
Así, por ejemplo, es muy comprensible que sintamos inquietud ante algo que desconocemos, lo que es menos comprensible es que se pida certeza absoluta a quien está investigando ese algo que también él desconocía hasta ahora. El método científico consiste, entre otras cosas en dudar y plantearse preguntas, en elaborar hipótesis y trabajar para intentar confirmarlas. Sé que está costando vidas, algunas trágicamente cercanas, todas valiosas y necesarias y sé todo lo que eso espanta, pero si lo que ustedes desean son certezas absolutas, están pidiendo un gurú o un profeta, no un científico. Yo, desde luego, no quiero semejante cosa para conducir el asunto que nos ocupa.
Se exige transparencia, pero cuando por mor de dicha transparencia se admite duda o se muestra el error, se escarnece al actor sin ofrecer alternativa (acaso porque no la puede haber o simplemente porque también se desconoce) Si los técnicos estuvieran en posesión de todas las certezas, no estaríamos como estamos. ¿De verdad no piensan que todos nuestros gestores estarían locos por colgarse el medallón de la solución mágica? ¿De verdad no imaginan cuánto valdría en nuestro mercantilizado sistema esa panacea? ¡Pero si se pagan a precio de oro hasta los placebos!
No pretendo que el tío Paco, que apenas fue a la escuela y necesita que el nieto le lea las cartas, que bastante tiene con haber aprendido lo de Covid, tenga una iluminación repentina que le permita saber lo que no sabemos los demás, me conformo con que cuando se le da una noticia sea tal y que cuando nada nuevo se sabe, se limiten a callar y esperar entreteniéndonos con algo más liviano. Me conformo con que el sujeto que nunca despuntó ni como cantante, ni como actor ni como torero o como representante de famosos, tenga la humildad de callarse la boca y que los pretendidos periodistas no se pongan a pontificar sobre microbiología o estadística cuando eligieron "irse por letras", más por ser incapaces de aprobar las ciencias que por vocación (Son precisamente los vocacionales-que también los hay- los que no suelen meterse en estos charcos)
Es inquietante la alegría con la que hablan de test (que no falte el anglicismo) y de su rapidez, cómo confunden fiabilidad con avería o rapidez con eficacia de cura para arrimar el ascua a sus respectivas sardinas al punto de dejarnos completamente ojipláticos a quienes sí tuvimos que emplear años y trabajo en ese aprendizaje
Yo no soy microbióloga, la microbiología era solo una asignatura de las muchas, tampoco soy médico, así que explicaré tan solo lo que sí sé, lo que sí tuve que estudiar. Para empezar, una prueba o test, como les gusta a todos llamarlo, es un sistema para comprobar un hecho a partir del que trabajar. Una prueba no cura, ni siquiera trata el mal, tan solo le proporciona datos al especialista. Y hay diferentes tipos.
Las pruebas llamadas PCR (por las iniciales en inglés del proceso que siguen-Polymerase Chain Reaction) necesitan material ACTIVO, es decir fluidos o tejido vivo y con posibilidad de acarrear virus aún viable (capaz de seguir infectando) por ello las muestras debe tomarlas personal cualificado, con protección para el riesgo biológico y con medios para su custodia y transporte, pero además, por esa misma razón, no va a servir cualquier laboratorio, debe disponerse de condiciones que eviten tanto la dispersión de ese material de riesgo como la contaminación de la propia muestra, que pueda desvirtuar los resultados.
Lógicamente, estas pruebas son costosas y lentas (la reacción lleva su tiempo, no es inmediata)Si un PCR resulta positivo es porque el virus está dentro del paciente, pero nunca hay 100% de fiabilidad, se puede producir algún error. Nada humano es infalible. Como además no es posible ponernos a cada uno un laboratorio de tales características a pie de cama, se idean métodos aproximativos un poco menos sofisticados para ir dando pasos, son los llamados test de anticuerpos (que van a medir de modo aproximado si nuestro organismo está o ha estado reaccionando para defenderse del virus) Estas pruebas son bastante más rápidas, pero mucho menos fiables y requieren matices que quedan a la interpretación del analista (O sea, eso de las certezas que se piden ustedes ya tal) Según esté el sistema inmune del analizado, según la cantidad de patógeno al que se ha expuesto, según el tiempo transcurrido desde la exposición e incluso a veces, según el reactivo y el modo de tomar la muestra... De ahí viene lo de los test con fiabilidad X o con fiabilidad Y. Si alguien tiene muchos anticuerpos, vamos a saber con certeza que ha estado en contacto con el virus, que no es lo mismo que decir que va a desarrollar la enfermedad, pero nos permite una cierta prevención.Y luego están los llamados serológicos que van un paso más allá y nos cuentan si, una vez en contacto con el virus, el sujeto ha desarrollado inmunidad, lo cual está muy bonito en la teoría, por comparación con todo lo que se sabe de virología, pero como este virus es NUE-VO, pues ¡Oh sorpresa! hay que dudar otra vez. Resulta que no sabemos para cuanto dura dicha inmunización ¿Sirve para toda la vida? ¿Para meses? Por ahora estamos como Sócrates, sabiendo que ignoramos
Así las cosas, como ya vamos teniendo detalle de otros síntomas comunes a muchos de los enfermos y para intentar atajar -porque el dichoso mercado, amigo, no se para en nimiedades y se la trae muy, pero que muy al pairo, jugar con vidas humanas o animales y anda a navajazos por sacar tajada de cada reactivo, de cada prueba y de cada medida de protección- se toman decisiones en paralelo como dar de baja a quienes parecen enfermos, dar por contagiados a quienes presentan neumonías bilaterales, etc.
Con el mismo entusiasmo, los centenares de epidemiólogos y neumólogos sobrevenidos de estos últimos meses se sorprenden de los cambios de criterio de autoridades y científicos. Pasaré por alto cuantos de ellos mismos han dado volantazos que dejarían temblando a Carlos Sainz y volveré a explicarlo: Con lo que sé hoy elijo este camino, si aprendo algo nuevo, procuro mejorar la elección. Tan sencillo y tan difícil como eso. Así se sugieren ahora mascarillas o se duda de los periodos de contagio. Estamos todos, insisto, ante algo nuevo y estamos asistiendo en vivo y en directo a lo que ya ocurrió con otros virus y otras enfermedades. La diferencia, la espantosa diferencia, es que hoy nos van contando cada mínimo paso y convirtiéndolo en espectáculo barato unos personajes que ni en sus mejores sueños hubieran soñado alcanzar tanta audiencia. Juegan a conductores del show sin importarles no estar capacitados ni para leer la narración que otros les escribieran.
Que aparte de todo esto hay decisiones políticas, aprovechamientos de curso del Pisuerga y afluentes, no hay duda, eso es además, pero no es el momento de pensar en ello. Yo también habría hecho muchas cosas de otro modo, pero me lo reservo en este momento y tan solo sugiero un ejercicio de reflexión: ¿Cuántas veces en condición de "cabezas de familia" o equivalente se han equivocado con una oferta en el súper, presionando a su pareja en exceso o embarcándose en una obra que no valía tanto la pena?¿Cuantas veces hicieron mal un presupuesto de vacaciones o tuvieron que cambiar un pijama que parecía ideal para el pequeño?¿Cuántos días han sentido que no dan abasto? Las cosas casi siempre se resuelven cambiándolo o pidiendo perdón, pero no les evita la disputa y el mal rollo. Piensen ahora en que todas esas decisiones tengan que afectar a miles de familias al tiempo y que las vidas no se cambian guardando el ticket ¿Les sería fácil descansar por la noche? Imaginen que, como piden algunos, hubieran soltado los mandos, hubieran salido corriendo y hubieran dejado a todo este surtido de lumbreras que lo gestionasen ellos.
A todos los que lloran una pérdida, a cuantos padecen hoy la enfermedad, a cuantos la sufrirán , les ruego me disculpen el sarcasmo final y les abrazo con toda mi solidaridad. Es probable que incluso yo misma llegue a pasar por ello.
Nos queda mucha singladura, procuremos no vendarle los ojos al timonel y a quienes estan teniendo que hacerle los mapas sobre la marcha. Cuando lleguemos a puerto no vamos a ser más nada, seremos menos y será momento de rendir cuentas, pero al menos yo, voy a pedirselas también a muchos que están incluso tratando de esconder la brújula y a todos los que anduvieron agujereando el casco antes de empezar el viaje.
"Menos mal que existen los que no tienen nada que perder, ni siquiera la historia."
A media asta
No estoy segura de que sea lo que querrían ellos. No imagino a mis padres, a mis tíos, a mis vecinos, complacidos por un luto permanente de los suyos. Esto me recuerda más bien a aquel tiempo en que los lutos eran perennes, en que se encadenaban uno tras otro y sumían a la familia, y en especial a las mujeres de las familias, en una oscuridad vital continuada.
Creo, y así me lo transmitieron muchos de ellos, que mis mayores no luchaban para ponernos de negro la existencia, sino para que el color entrase a raudales por puertas y ventanas en cuanto fuera posible abrirlas. El color es variedad, matiz, evolución y cambio. El negro es egoísta, todo lo absorbe sin compartirlo. La ostentación del dolor es vanidosa. Nada tiene de bondadoso exhibir imponiendo a los otros ese duelo. La pena honesta es discreta y no busca ser contagiada, sino curada. Empeñémonos en curarla.
Pienso que este terrible episodio tendrá muchas más víctimas que los difuntos que recontarán las estadísticas y que precisamente por respeto a ellos y por recuerdo de quienes se marchen definitivamente, deberíamos hurtarle al enemigo esa victoria. Por los niños, por los abuelos que quedarán, por nosotros mismos, no deberíamos vivir en luto continuado desde hoy mismo y ni aún a partir de que se declare frenada la pandemia. Sí comparto la idea del recuerdo, de la memoria constructiva y reparadora.
Un homenaje acaso cuando la tormenta haya pasado, homenaje a cuantos de un modo u otro, con mejor o peor fortuna, han tratado de oponerse a ella. Puede ser, quizá como una forma de catarsis para volver a nuestras cosas de antes... O para no volver, que igual era mejor manera de honrar a esos caídos que envolvernos en lutos impostados, en crespones de toda textura. Mejor usamos todos estos lienzos para hacer sábanas, batas y mascarillas para que cuanto antes todo esto sea una cruel lección.
No me falta dolor, incluso quienes me conocen podrán dar fe de cuan a menudo visto de negro, pero en esta circunstancia más que nunca, creo que proponer banderas a media asta y lutos generalizados, sin fecha final conocida, me parece no solo mala y deprimente idea -que en poco ayuda- peor que un brindis al sol, me parece un uso torticero –uno más- de víctimas que no nos pertenecen. Ahora toca ser fuertes, constructivos y luminosos.
No me sumo a las medias astas, me sumo a las astas completas, a las libres, las que trotan sobre testas felices por los campos que empiezan a cubrirse de cardos y amapolas, me sumo al canto de los pájaros, al croar de las ranas y al estrépito de los niños que juegan en el pasillo con convicción de que jugarán también fuera con toda la gama de colores que la vida ofrece.
Creo, y así me lo transmitieron muchos de ellos, que mis mayores no luchaban para ponernos de negro la existencia, sino para que el color entrase a raudales por puertas y ventanas en cuanto fuera posible abrirlas. El color es variedad, matiz, evolución y cambio. El negro es egoísta, todo lo absorbe sin compartirlo. La ostentación del dolor es vanidosa. Nada tiene de bondadoso exhibir imponiendo a los otros ese duelo. La pena honesta es discreta y no busca ser contagiada, sino curada. Empeñémonos en curarla.
Pienso que este terrible episodio tendrá muchas más víctimas que los difuntos que recontarán las estadísticas y que precisamente por respeto a ellos y por recuerdo de quienes se marchen definitivamente, deberíamos hurtarle al enemigo esa victoria. Por los niños, por los abuelos que quedarán, por nosotros mismos, no deberíamos vivir en luto continuado desde hoy mismo y ni aún a partir de que se declare frenada la pandemia. Sí comparto la idea del recuerdo, de la memoria constructiva y reparadora.
Un homenaje acaso cuando la tormenta haya pasado, homenaje a cuantos de un modo u otro, con mejor o peor fortuna, han tratado de oponerse a ella. Puede ser, quizá como una forma de catarsis para volver a nuestras cosas de antes... O para no volver, que igual era mejor manera de honrar a esos caídos que envolvernos en lutos impostados, en crespones de toda textura. Mejor usamos todos estos lienzos para hacer sábanas, batas y mascarillas para que cuanto antes todo esto sea una cruel lección.
No me falta dolor, incluso quienes me conocen podrán dar fe de cuan a menudo visto de negro, pero en esta circunstancia más que nunca, creo que proponer banderas a media asta y lutos generalizados, sin fecha final conocida, me parece no solo mala y deprimente idea -que en poco ayuda- peor que un brindis al sol, me parece un uso torticero –uno más- de víctimas que no nos pertenecen. Ahora toca ser fuertes, constructivos y luminosos.
No me sumo a las medias astas, me sumo a las astas completas, a las libres, las que trotan sobre testas felices por los campos que empiezan a cubrirse de cardos y amapolas, me sumo al canto de los pájaros, al croar de las ranas y al estrépito de los niños que juegan en el pasillo con convicción de que jugarán también fuera con toda la gama de colores que la vida ofrece.
Fuera de la burbuja
Me gustaría creerme, como tantos creen, que este episodio nos hará más sabios, más buenos, más empáticos y más todo. Me gustaría creerme todo eso mientras ando contando por enésima vez lo que tenemos y repartiendo y reconsiderando a ver si logramos estirarlo un poco más, mientras escucho al otro lado de la valla del patio a un grupo de niñatos que ríen, vocean y hacen alarde de su incumplimiento. Me gustaría creerme que son solo ellos y que, sencillamente, me han tocado más cerca... Pero no puedo.
Igual me fabricaron demasiado escéptica o yo misma me hice demasiado pobre para ahorrar a fin de mes lo no gastado, para tener Netflix y HBO y todas las plataformas donde, parece ser, se encuentran millares de opciones de divertimento quienes pueden, para no tener que apagar la plancha si enciendo la lavadora o para no tener que cortar el router si quiero llamar por teléfono a la familia y para no elegir entre calentar agua para ducharnos o calentar la comida otros cuantos días, porque no sé cuánto durará el butano ni si el repartidor que trabaja a destajo y casi sin protección seguirá activo dentro de unos días. Me ayudaría bastante no tener que explicar que, si no pagamos con plástico es porque ni siquiera tenemos una tarjeta y una cuenta de la que tirar y no porque nos motive mucho obligar a las pobres cajeras a darnos el cambio en metálico. Me encantaría, de verdad, no tener que pensar en tantas otras cosas... Pero vamos, que seguro que se trata sencillamente de que no me he esforzado lo bastante, de que no cerré los ojos y apreté los puños con ganas y no lo quiero con suficiente fuerza como para lograrlo y que el resto de la población está mejor, porque ellos sí que han sabido desearlo.
Debe ser por este mal origen por lo que me es difícil entender algunas peticiones que leo en estos días. ¿Qué es lo imprescindible? ¿Aquello sin lo que TÚ no podrías aguantar esta racha? ¿O te planteas bien en serio y con detalle lo que necesitan los otros, LOS DEMÁS? ¿Es empatía lo que te anima a proponer que se abra toda la semana excepto los domingos? ¿Y por qué no los martes o los viernes si la idea es liberarles una jornada a los empleados obligados a trabajar en un tiempo sin días? ¿O por qué no combinar para asegurar al tiempo su libranza y los suministros? Entiendo que ni yo ni los autores de esas cadenas tienen en su mano todos los elementos para decidir al respecto, por eso no las secundo. Como ocurrencias bienintencionadas las tomo, aunque a ratos temo que para bastantes no son ni eso, y que solo se trata de conseguir los dichosos “likes” ¿Y qué decir sobre la inflación de supuestas actualizaciones de datos de todo cariz?..
Pues eso, que el confinamiento y las carencias agravan el escepticismo y no es por cuestión de macroeconomía, que nunca nos ha tenido en cuenta y no va a hacerlo ahora, se adorne como se adorne.
Me gustaría, en serio, creer que saldremos de esta más altos y más rubios y más guapos todos, pero la verdad es que por ahora solo tengo la certeza de que muchos tampoco saldremos esta vez, aunque el agente directo no sea el coronavirus y que los demás seguirán a la suya, tropezando en sus piedras hasta el siguiente batacazo.
Igual me fabricaron demasiado escéptica o yo misma me hice demasiado pobre para ahorrar a fin de mes lo no gastado, para tener Netflix y HBO y todas las plataformas donde, parece ser, se encuentran millares de opciones de divertimento quienes pueden, para no tener que apagar la plancha si enciendo la lavadora o para no tener que cortar el router si quiero llamar por teléfono a la familia y para no elegir entre calentar agua para ducharnos o calentar la comida otros cuantos días, porque no sé cuánto durará el butano ni si el repartidor que trabaja a destajo y casi sin protección seguirá activo dentro de unos días. Me ayudaría bastante no tener que explicar que, si no pagamos con plástico es porque ni siquiera tenemos una tarjeta y una cuenta de la que tirar y no porque nos motive mucho obligar a las pobres cajeras a darnos el cambio en metálico. Me encantaría, de verdad, no tener que pensar en tantas otras cosas... Pero vamos, que seguro que se trata sencillamente de que no me he esforzado lo bastante, de que no cerré los ojos y apreté los puños con ganas y no lo quiero con suficiente fuerza como para lograrlo y que el resto de la población está mejor, porque ellos sí que han sabido desearlo.
Debe ser por este mal origen por lo que me es difícil entender algunas peticiones que leo en estos días. ¿Qué es lo imprescindible? ¿Aquello sin lo que TÚ no podrías aguantar esta racha? ¿O te planteas bien en serio y con detalle lo que necesitan los otros, LOS DEMÁS? ¿Es empatía lo que te anima a proponer que se abra toda la semana excepto los domingos? ¿Y por qué no los martes o los viernes si la idea es liberarles una jornada a los empleados obligados a trabajar en un tiempo sin días? ¿O por qué no combinar para asegurar al tiempo su libranza y los suministros? Entiendo que ni yo ni los autores de esas cadenas tienen en su mano todos los elementos para decidir al respecto, por eso no las secundo. Como ocurrencias bienintencionadas las tomo, aunque a ratos temo que para bastantes no son ni eso, y que solo se trata de conseguir los dichosos “likes” ¿Y qué decir sobre la inflación de supuestas actualizaciones de datos de todo cariz?..
Pues eso, que el confinamiento y las carencias agravan el escepticismo y no es por cuestión de macroeconomía, que nunca nos ha tenido en cuenta y no va a hacerlo ahora, se adorne como se adorne.
Me gustaría, en serio, creer que saldremos de esta más altos y más rubios y más guapos todos, pero la verdad es que por ahora solo tengo la certeza de que muchos tampoco saldremos esta vez, aunque el agente directo no sea el coronavirus y que los demás seguirán a la suya, tropezando en sus piedras hasta el siguiente batacazo.
Coronas y virus
Ayer, sobre la marcha, me resulto simplemente innecesario. Hoy, con el reposo nocturno, me resulta aún peor, DESVERGONZADO Y FALTO DE ESCRÚPULOS.
Salir a hacerte la foto del paternalismo decimonónico, golpearnos condescendientemente la espalda y probar a lavarte las manos A NUESTRA COSTA una vez más -y no por higiene o salud colectiva, sino porque ni todo el papel higiénico que acaparan tus compatriotas te alcanza para limpiarte la que debería venírsete encima- es la confirmación de tu desfachatez de tu falta de empatia, de tu desconexión interesada con tu país.
Por suerte, ciudadano Borbón, estamos tan ocupados en sobrevivir a esta pandemia, que pasará tiempo antes de que debas enfrentarte a estos errores, pero no por tu mérito, tenlo bien claro. ¡Y que lo tengan quienes te acompañaron ayer en el vergonzoso intento de salvar los muebles haciendo que hacías!
No, Felipe, no estabas tan preparado como nos contaron, quizá porque nadie puede preparar a otro para la empatía, porque la sensibilidad innata se tiene o se carece de ella y es a partir de ese don natural desde el que después se trabajan las habilidades sociales. Ni eres Churchill ni necesitamos que lo seas. Vivimos en otro siglo y hemos pasado demasiadas cosas para que nos sirva un discurso vacuo, impostado y sin alma al que solo le faltó un arbolito navideño y tres guirnaldas para hacernos creer que detrás vendrían los langostinos, la sopa de albóndigas de la abuela Juana y los turrones.
Debiste dejarte la mascarilla puesta para no ofender la inteligencia de tus maltrchos conciudadanos. Mejor confínate del todo y cuando el virus pase, volveremos a hablar.
Salir a hacerte la foto del paternalismo decimonónico, golpearnos condescendientemente la espalda y probar a lavarte las manos A NUESTRA COSTA una vez más -y no por higiene o salud colectiva, sino porque ni todo el papel higiénico que acaparan tus compatriotas te alcanza para limpiarte la que debería venírsete encima- es la confirmación de tu desfachatez de tu falta de empatia, de tu desconexión interesada con tu país.
Por suerte, ciudadano Borbón, estamos tan ocupados en sobrevivir a esta pandemia, que pasará tiempo antes de que debas enfrentarte a estos errores, pero no por tu mérito, tenlo bien claro. ¡Y que lo tengan quienes te acompañaron ayer en el vergonzoso intento de salvar los muebles haciendo que hacías!
No, Felipe, no estabas tan preparado como nos contaron, quizá porque nadie puede preparar a otro para la empatía, porque la sensibilidad innata se tiene o se carece de ella y es a partir de ese don natural desde el que después se trabajan las habilidades sociales. Ni eres Churchill ni necesitamos que lo seas. Vivimos en otro siglo y hemos pasado demasiadas cosas para que nos sirva un discurso vacuo, impostado y sin alma al que solo le faltó un arbolito navideño y tres guirnaldas para hacernos creer que detrás vendrían los langostinos, la sopa de albóndigas de la abuela Juana y los turrones.
Debiste dejarte la mascarilla puesta para no ofender la inteligencia de tus maltrchos conciudadanos. Mejor confínate del todo y cuando el virus pase, volveremos a hablar.
Davos, Greta y lo demás
Me da qué pensar que en el foro de Davos den preeminencia al asunto medioambiental y a los menús veganos ...¿Que pretenderán vendernos ahora?
Sí, lo admito, mis profundas preocupaciones por el entorno y por la naturaleza no consiguen sentirse amparadas por estos eventos, menos aún cuando llegan a pocas semanas de una llamada "Cumbre mundial del clima" que terminó como había empezado, esto es, con muchas fotos de Greta Thunberg y poco o ningún resultado de calado.
Hay abundantes muestras de lo poco consistente de estas propuestas. A poco que uno se interese y comience a profundizar en ellas, se encuentra contradicciones demasiado significativas como para no desconfiar. Y en el asunto de la ecología, si ya estaba difícil, hoy se ha hibridado - ¡Ay los híbridos!- con el mercantilismo más brutal.
Sin ir más lejos, este mismo sábado he encontrado cepillos de dientes "ecológicos" y "sostenibles" (por supuesto, de marca consolidada que no menciono para no publicitar, pero que podéis encontrar en varias cadenas comerciales). ¿Cuál es el truco? Llevan un embalaje menos níveo de lo tradicional, una coqueta parrafada en la etiqueta sobre la importancia de cuidar el planeta y su mango de bambú (temo haber hablado del bambú no hace demasiado). Pero, claro,la que escribe, que es de examinar detenidamente, como en la etiqueta también se detallan los componentes, encuentra que el envoltorio interior es... ¡DE PLÁSTICO! Así que ¿De qué estábamos hablando? Pocos días antes me había fascinado también una tal Carmen Lomana -que parece ser una de esas VIP de televisión- y que se presentaba ante sus seguidores con un abrigo de "piel natural auténtica porque los sintéticos contaminan muchísimo y es que ella es ecologista (sic)".Chimpún.
Tal parece que este asunto de la conciencia ecológica se nos empiece a ir de las manos y los de siempre, hayan encontrado un nicho de mercado estupendísimo. Si no nos paramos cinco minutos a pensar,pese a que saldrá caro pararse porque no parece haber tiempo, nos podemos encontrar con que sean ellos, precisamente ellos, quienes lleven la voz cantante y, por consiguiente, saquen tajada más que jugosa de nuestras ganas irreflexivas de hacerlo bien.
Y es que está todo inventado. El sistema que dicen que nos dimos (Yo no acabo de verlo claro) lleva siglos consiguiendo que consumamos y sabe ya como lograr que acudamos a otro objetivo que hábilmente nos proporcionarán los mismos que antes, después de habernos inducido a él . Van a lo suyo y pueden hacerlo, insisto, llevan siglos haciéndolo. Un ciudadano que se interesa por su entorno y por el futuro de éste, acaso no deba limitarse a surtirse de lo que los proveedores le propongan. Claramente no tengo invitación al foro que, por cierto, se cuidan de llamar de Davos- ciudad suiza- mucho más a menudo de lo que nos recuerdan que es el "Foro Económico Mundial", pero puedo prever que quienes a él acuden no van a planear perder ni un solo euro. Y vale que sí, que se proponen y nos cuentan, plantar miles de árboles como si no fueran ellos mismos quienes han arrasado con los que nos faltan, como si además de plantar y hacerse la foto no fuera imprescindible cuidar de ellos cada día, como si solo de árboles-los que ellos decidan plantar-fuera a nutrirse nuestra pretendida supervivencia. A Davos ha acudido nuestro flamante Presidente de Gobierno para que todos se queden tranquilos. Lleva a las vicepresidentas económica (Of course!) y a la de Transición Ecológica-Esa alabada vicepresidenta que un cercano llama "la ministra Castor" (Fue ella la responsable de la aprobación de dichos depósitos de gas en el Mediterráneo que provocaron centenares de temblores de tierra y que ahora todos debemos pagarle a Florentino Pérez y colegas. Todo muy sostenible, ya veis) La propia historia de la señora ministra me devuelve al comienzo, no es oro todo lo que reluce. Tenemos un modelo económico y social que es incompatible con una real protección de nuestro entorno. Nuestra relación con él está viciada desde hace siglos y no lo van a remediar unas botas de senderismo y unos canapés de tofu convenientemente presentados en bandejas reciclables. Las cosas están tan mal que es imposible desandar todo lo andado, aunque si pueden darse algunos pasos hacia atrás o a los lados para reducir daños. Tampoco sería mala cosa que empezáramos a mirar el mundo con una visión más panorámica, que no es lo mismo que la globalización que también nos vendieron. Por mi parte, asumo que ésto no tiene remedio, como no lo tiene la muerte, pero al igual que esa certeza no me impide vivir y saborear lo que me voy encontrando en el camino hasta ella, tampoco la certeza de nuestra caducidad como especie, del fin de esta partida, no me impide jugarla procurando que sea interesante y adecuada a mis principios: Hacer solo el daño imprescindible para que no nos eliminemos antes de tiempo.
Por cierto, sigo usando cepillos de plástico a fecha de hoy, si alguien puede proponerme algo mejor, aquí lo espero.
Sin ir más lejos, este mismo sábado he encontrado cepillos de dientes "ecológicos" y "sostenibles" (por supuesto, de marca consolidada que no menciono para no publicitar, pero que podéis encontrar en varias cadenas comerciales). ¿Cuál es el truco? Llevan un embalaje menos níveo de lo tradicional, una coqueta parrafada en la etiqueta sobre la importancia de cuidar el planeta y su mango de bambú (temo haber hablado del bambú no hace demasiado). Pero, claro,la que escribe, que es de examinar detenidamente, como en la etiqueta también se detallan los componentes, encuentra que el envoltorio interior es... ¡DE PLÁSTICO! Así que ¿De qué estábamos hablando? Pocos días antes me había fascinado también una tal Carmen Lomana -que parece ser una de esas VIP de televisión- y que se presentaba ante sus seguidores con un abrigo de "piel natural auténtica porque los sintéticos contaminan muchísimo y es que ella es ecologista (sic)".Chimpún.
Tal parece que este asunto de la conciencia ecológica se nos empiece a ir de las manos y los de siempre, hayan encontrado un nicho de mercado estupendísimo. Si no nos paramos cinco minutos a pensar,pese a que saldrá caro pararse porque no parece haber tiempo, nos podemos encontrar con que sean ellos, precisamente ellos, quienes lleven la voz cantante y, por consiguiente, saquen tajada más que jugosa de nuestras ganas irreflexivas de hacerlo bien.
Y es que está todo inventado. El sistema que dicen que nos dimos (Yo no acabo de verlo claro) lleva siglos consiguiendo que consumamos y sabe ya como lograr que acudamos a otro objetivo que hábilmente nos proporcionarán los mismos que antes, después de habernos inducido a él . Van a lo suyo y pueden hacerlo, insisto, llevan siglos haciéndolo. Un ciudadano que se interesa por su entorno y por el futuro de éste, acaso no deba limitarse a surtirse de lo que los proveedores le propongan. Claramente no tengo invitación al foro que, por cierto, se cuidan de llamar de Davos- ciudad suiza- mucho más a menudo de lo que nos recuerdan que es el "Foro Económico Mundial", pero puedo prever que quienes a él acuden no van a planear perder ni un solo euro. Y vale que sí, que se proponen y nos cuentan, plantar miles de árboles como si no fueran ellos mismos quienes han arrasado con los que nos faltan, como si además de plantar y hacerse la foto no fuera imprescindible cuidar de ellos cada día, como si solo de árboles-los que ellos decidan plantar-fuera a nutrirse nuestra pretendida supervivencia. A Davos ha acudido nuestro flamante Presidente de Gobierno para que todos se queden tranquilos. Lleva a las vicepresidentas económica (Of course!) y a la de Transición Ecológica-Esa alabada vicepresidenta que un cercano llama "la ministra Castor" (Fue ella la responsable de la aprobación de dichos depósitos de gas en el Mediterráneo que provocaron centenares de temblores de tierra y que ahora todos debemos pagarle a Florentino Pérez y colegas. Todo muy sostenible, ya veis) La propia historia de la señora ministra me devuelve al comienzo, no es oro todo lo que reluce. Tenemos un modelo económico y social que es incompatible con una real protección de nuestro entorno. Nuestra relación con él está viciada desde hace siglos y no lo van a remediar unas botas de senderismo y unos canapés de tofu convenientemente presentados en bandejas reciclables. Las cosas están tan mal que es imposible desandar todo lo andado, aunque si pueden darse algunos pasos hacia atrás o a los lados para reducir daños. Tampoco sería mala cosa que empezáramos a mirar el mundo con una visión más panorámica, que no es lo mismo que la globalización que también nos vendieron. Por mi parte, asumo que ésto no tiene remedio, como no lo tiene la muerte, pero al igual que esa certeza no me impide vivir y saborear lo que me voy encontrando en el camino hasta ella, tampoco la certeza de nuestra caducidad como especie, del fin de esta partida, no me impide jugarla procurando que sea interesante y adecuada a mis principios: Hacer solo el daño imprescindible para que no nos eliminemos antes de tiempo.
Por cierto, sigo usando cepillos de plástico a fecha de hoy, si alguien puede proponerme algo mejor, aquí lo espero.
A flote, poco más
Personalmente, y digo personalmente, encuentro bastante antiestética la decisión de Pdr de porponer a Dolores Delgado como Fiscal General del Estado habiendo tantos posibles fiscales. Bonito no es. Dicho lo cual me planteo: Si el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal establece que el Fiscal General del Estado será nombrado por el Gobierno ¿A qué viene el rasgarse hoy las vestiduras cuando NADA se ha hecho para modificar dicha ley reguladora de la fiscalía mientras otros eran los llamados a nombrar? ¿No será que se teme que otros deshagan lo que con nombramientos igualmente interesados hicieron los anteriores? Si tan malo es ¿Por qué no se han instado las oportunas modificaciones?
Yo, que casi nada sé de Derecho, creía entender que abogados y fiscales son PARTES, no árbitros, que tal misión corresponde al JUEZ a quien, sin tanta alharaca, se ha permitido muy a menudo tener carnet (véase sin más como hoy mismo se ha nombrado Secretario de Justicia e Interior del Pp al juez Enrique López, que también estaba ya en el gobierno de la Comunidad de Madrid y a quien en su día colocara Aznar en el Consejo General del Poder Judicial y que ahí ha seguido para JUZGAR tantos casos que podían afectar muy seriamente al Partido Popular)
Es triste, muy triste, comprobar que una vez más, lo que preocupa a estos demócratas de toda la vida, no es la separación de poderes, sino su propia posible separación del poder.
Se me ocurren bastantes razones por las que un jefe de gobierno poco fuerte puede querer asegurarse de que el superior de todos los fiscales represente lo que él defienda y pocas o ninguna son buenas. No me encanta, pero sorpresa ninguna, o sí, acaso la claridad meridiana con que lo ha hecho evidente. Hay que reconocérselo, nada de simulacros: esto hay señores, hoy me toca a mí y esta es mi jugada.
Mientras estén así las cosas, mal vamos. Aunque el sentido de la marcha parezca ser diferente, queda demasiado por hacer para que esta ruta, que debería ser ilusionante, sea poco más que un apuntalamiento de lo poco que nos dejan en pie.
Más necesidad que ilusión, más pragmatismo que ceguera, pero seguimos.Como casi siempre, Brazoleño a flote, poco más.
Lavando más blanco
A estas alturas de Brazoleño, soy muy consciente de que lo que yo pueda pensar interesa bien poco, pero a ratos, en según qué días, me pongo igualmente ante el teclado con intención de soltarlo. Puede que sea solo para ordenar esas ideas que a ramalazos pasan por aquí... Así, por ejemplo, me ha dado por tratar el comentado asunto de las que llaman "tres derechas", del pretendido blanqueo de una de ellas y de todo lo que ronda sus periferias...
Empezaré diciendo que no he entendido eso de convertir en tres la que viene siendo UNA desde hace decenios. Salvo que por aquello del nacionalcatolicismo queramos definirla hoy como UNA y TRINA (como nos contaban en las obligatorias clases de religión de entonces). No hallo diferencias sustanciales entre las esencias de estas tres entidades que se han presentado a las últimas elecciones simulando ser dispares. Es probable que se deba a mi exacerbada desconfianza, pero ni ayer ni hoy lograba diferenciar con claridad a unos de otros, pues si el portavoz A enunciaba en rueda de prensa un postulado mínimamente aperturista, de inmediato quedaba desmentido en el desarrollo posterior de la idea, con frecuencia en el transcurso de esa misma comparecencia.
Se me ha dicho que el Pp es heredero directo del franquismo y de Ap, como si en C´s o en Vox no estuvieran militando personas de idéntico origen. La aparente novedad no es sino cuestión biológica. A los abuelos y padres siguen hijos y nietos. Poco a poco, tampoco en el Partido Popular quedarán demasiados actores directos de la mutación de franquista a demócrata (o a lo que sea que hubieran mutado). El Pp se había quedado un poco para las gentes de mediana edad y los veteranos. Personas con otra talla, más dadas a la argumentación extensa, a valorar la solera. Personas para las que estos pipiolitos estaban aún sin hornear, pero en conjunto, solo eran matices de la misma cuestión, solomillo al punto o poco hecho, pero solomillo al fin.
A mi entender, lo que propició el impulso de C´s , fue la necesidad que tuvo el IBEX 35 de inventarse una apariencia de renovación que mantuviera a los desencantados en la senda del voto y no de la abstención, aún más a partir del movimiento indignado del 15 M, cuando no solo los jóvenes de la izquierda empezaron a poner en duda la vitalidad del sistema del 78. Antes ya habían ensayado en Cataluña -¿Recuerdan a los que Floriano en su momento llamara "Ciutadans"?- La cosa había sido sencilla: cuatro o seis personajes de apariencia liberal ya conocidos y un paquete de vendedores de escuela americana, de esos que ganan en su college los concursos de debate (consistentes en defender frente a otro como tú la idea y la postura que te toque en sorteo, es decir, nulo posicionamiento, buena pose); chicuelos ambiciosos, majetes, con ganas de ascender y a los que no se les ponga la cara colorada por defender una cosa y su contraria no ya en la misma semana, sino hasta en el mismo día.
Si alguien imaginó por un momento que eran otra cosa, bastaba ver como se les congelaba la sonrisa y se les tensaba el gesto cuando su elaborado mensaje no lograba calar en el periodista preguntón. Para eso no iban preparados. Las campañas de C´s, una tras otra, han sido sucesiones de frases hechas, cocinadas por algún chef medio ingenioso. Los supuestos programas, descarados refritos de todo lo que sonaba bien sin delatar qué había detrás de la ocurrencia. Habiendo sufrido en mis propias carnes esos cursos de "formación de portavoces", no me cuesta en absoluto imaginar a Arrimadas, Del Páramo o Rivera ensayando la sonrisa y la muletilla de turno ante el espejo. "Los pactos de la infamia" parece ser la última, como antes lo fue "el pacto con el independentismo" "gobierno Frankenstein"... y lo escuchamos una vez, otra y otra, incluso cuando ni siquiera venga a cuento porque la pregunta esdiferente. Tú procura colar "contacto directo" cada vez que intervengas, decía mi formador, como seguro que a ellos les impelían en su momento a repetir que eran el cambio sensato. Prueben a contar cuantas veces repiten la frase del día todos y cada uno de los intervinientes de cualquier esquina del país con idéntico tono e idénticos vocablos hasta que desde arriba les instan a un nuevo eslogan... (No es que entre ellos no haya habido algún liberal bien intencionado, que puedo creer que sí, hablamos del conjunto y de su origen, aunque en las redes cayera algún ingenuo. Y, por supuesto, algunos paisanos de bien, que para eso está pensado el artefacto).
Hasta la cuidada selección de los lugares en los que ser increpados o mal recibidos. La jugada de Valls con el toque de atención ("se os ve el plumero demasiado, chicos. Ya no juego"); el tironcillo de orejas de Rajoy para facilitar a Sánchez (¿No tendría que sugerirlo a su propio partido? ¡Ah, no! que tenemos que seguir aparentando que somos diferentes otros cuantos meses) Pero seguro que de esto ya se habrán dado cuenta por ustedes mismos.
Y en cuanto a los terceros en discordia, es de nuevo cuestión de oportunidad. Mientras en Europa funcionaba la cultura democrática postnazismo, en España, la de la modélica transición, había que demostrar lo bienísimamente bien que habíamos sabido rehacernos de nuestra pasada etapa. Pero ni la losa de Cuelgamuros había sepultado al franquismo ni las familias franquistas se habían levantado ultrademócratas una buena mañana, símplemente habían entendido que había que saber esperar (Y las esperas con pan son menos, todo sea dicho) así que siguieron con sus pingües negocios, con sus misas y homilías y con sus múltiples títulos nobiliarios, muchos de nuevo cuño y colocando aquí y allá a sus numerosos vástagos. Y, por aquello de no excederse en la endogamia, que ya se sabe que puede ser pernicioso, de vez en cuando se hacían matrimonios convenientes con familias de allende los mares, que también sabían de todas estas cosas un montón (Imagino que no necesitan ustedes nombres, pero los tengo). Ahora que en Europa caben las derechas montaraces ¿Quién tiene una mejor preparada que nosotros?
Resumiendo, mi tesis es que nada blanquean quienes incorporan a esta tercera entidad al conjunto, la derecha española, la de siempre, la dominante, nunca ha sido otra cosa que ultraderecha. Estaba aquí y no necesitaba o no le convenía hacerse más patente, pero nunca se han ido. Son los hijos y nietos de quienes fueron, jugaban a sus cositas y tuvieron sus minutos de gloria respectivos antes de volver a la tarea que les incumbe como clase. Creer otra cosa es ser más ingenuo de lo que nuestra historia y nuestros precursores merecen. La otra derecha, esa derecha culta, ilustrada y europea que tanto podía aportar a nuestra tierra, a la serena convivencia y al progreso, está tan pisoteada y maltrecha como la dejara, hace ya muchos años, un generalito chusquero y sus secuaces. Todavía no se ha recuperado y con éstas, le costará otra larga temporada. ¿Quién blanquea a quién? De la izquierda ya hablamos otro día.
POSTDATA:
Y mientras esto escribía, vuelven a removerse en C´s. Se marcha Roldán y lo sustituye -¡Qué cosas, oiga!- Marcos de Quinto. Lo dicho, ya no hace falta el disimulo. Blanco como la leche ¡Y en botella!
Empezaré diciendo que no he entendido eso de convertir en tres la que viene siendo UNA desde hace decenios. Salvo que por aquello del nacionalcatolicismo queramos definirla hoy como UNA y TRINA (como nos contaban en las obligatorias clases de religión de entonces). No hallo diferencias sustanciales entre las esencias de estas tres entidades que se han presentado a las últimas elecciones simulando ser dispares. Es probable que se deba a mi exacerbada desconfianza, pero ni ayer ni hoy lograba diferenciar con claridad a unos de otros, pues si el portavoz A enunciaba en rueda de prensa un postulado mínimamente aperturista, de inmediato quedaba desmentido en el desarrollo posterior de la idea, con frecuencia en el transcurso de esa misma comparecencia.
Se me ha dicho que el Pp es heredero directo del franquismo y de Ap, como si en C´s o en Vox no estuvieran militando personas de idéntico origen. La aparente novedad no es sino cuestión biológica. A los abuelos y padres siguen hijos y nietos. Poco a poco, tampoco en el Partido Popular quedarán demasiados actores directos de la mutación de franquista a demócrata (o a lo que sea que hubieran mutado). El Pp se había quedado un poco para las gentes de mediana edad y los veteranos. Personas con otra talla, más dadas a la argumentación extensa, a valorar la solera. Personas para las que estos pipiolitos estaban aún sin hornear, pero en conjunto, solo eran matices de la misma cuestión, solomillo al punto o poco hecho, pero solomillo al fin.
A mi entender, lo que propició el impulso de C´s , fue la necesidad que tuvo el IBEX 35 de inventarse una apariencia de renovación que mantuviera a los desencantados en la senda del voto y no de la abstención, aún más a partir del movimiento indignado del 15 M, cuando no solo los jóvenes de la izquierda empezaron a poner en duda la vitalidad del sistema del 78. Antes ya habían ensayado en Cataluña -¿Recuerdan a los que Floriano en su momento llamara "Ciutadans"?- La cosa había sido sencilla: cuatro o seis personajes de apariencia liberal ya conocidos y un paquete de vendedores de escuela americana, de esos que ganan en su college los concursos de debate (consistentes en defender frente a otro como tú la idea y la postura que te toque en sorteo, es decir, nulo posicionamiento, buena pose); chicuelos ambiciosos, majetes, con ganas de ascender y a los que no se les ponga la cara colorada por defender una cosa y su contraria no ya en la misma semana, sino hasta en el mismo día.
Si alguien imaginó por un momento que eran otra cosa, bastaba ver como se les congelaba la sonrisa y se les tensaba el gesto cuando su elaborado mensaje no lograba calar en el periodista preguntón. Para eso no iban preparados. Las campañas de C´s, una tras otra, han sido sucesiones de frases hechas, cocinadas por algún chef medio ingenioso. Los supuestos programas, descarados refritos de todo lo que sonaba bien sin delatar qué había detrás de la ocurrencia. Habiendo sufrido en mis propias carnes esos cursos de "formación de portavoces", no me cuesta en absoluto imaginar a Arrimadas, Del Páramo o Rivera ensayando la sonrisa y la muletilla de turno ante el espejo. "Los pactos de la infamia" parece ser la última, como antes lo fue "el pacto con el independentismo" "gobierno Frankenstein"... y lo escuchamos una vez, otra y otra, incluso cuando ni siquiera venga a cuento porque la pregunta esdiferente. Tú procura colar "contacto directo" cada vez que intervengas, decía mi formador, como seguro que a ellos les impelían en su momento a repetir que eran el cambio sensato. Prueben a contar cuantas veces repiten la frase del día todos y cada uno de los intervinientes de cualquier esquina del país con idéntico tono e idénticos vocablos hasta que desde arriba les instan a un nuevo eslogan... (No es que entre ellos no haya habido algún liberal bien intencionado, que puedo creer que sí, hablamos del conjunto y de su origen, aunque en las redes cayera algún ingenuo. Y, por supuesto, algunos paisanos de bien, que para eso está pensado el artefacto).
Hasta la cuidada selección de los lugares en los que ser increpados o mal recibidos. La jugada de Valls con el toque de atención ("se os ve el plumero demasiado, chicos. Ya no juego"); el tironcillo de orejas de Rajoy para facilitar a Sánchez (¿No tendría que sugerirlo a su propio partido? ¡Ah, no! que tenemos que seguir aparentando que somos diferentes otros cuantos meses) Pero seguro que de esto ya se habrán dado cuenta por ustedes mismos.
Y en cuanto a los terceros en discordia, es de nuevo cuestión de oportunidad. Mientras en Europa funcionaba la cultura democrática postnazismo, en España, la de la modélica transición, había que demostrar lo bienísimamente bien que habíamos sabido rehacernos de nuestra pasada etapa. Pero ni la losa de Cuelgamuros había sepultado al franquismo ni las familias franquistas se habían levantado ultrademócratas una buena mañana, símplemente habían entendido que había que saber esperar (Y las esperas con pan son menos, todo sea dicho) así que siguieron con sus pingües negocios, con sus misas y homilías y con sus múltiples títulos nobiliarios, muchos de nuevo cuño y colocando aquí y allá a sus numerosos vástagos. Y, por aquello de no excederse en la endogamia, que ya se sabe que puede ser pernicioso, de vez en cuando se hacían matrimonios convenientes con familias de allende los mares, que también sabían de todas estas cosas un montón (Imagino que no necesitan ustedes nombres, pero los tengo). Ahora que en Europa caben las derechas montaraces ¿Quién tiene una mejor preparada que nosotros?
Resumiendo, mi tesis es que nada blanquean quienes incorporan a esta tercera entidad al conjunto, la derecha española, la de siempre, la dominante, nunca ha sido otra cosa que ultraderecha. Estaba aquí y no necesitaba o no le convenía hacerse más patente, pero nunca se han ido. Son los hijos y nietos de quienes fueron, jugaban a sus cositas y tuvieron sus minutos de gloria respectivos antes de volver a la tarea que les incumbe como clase. Creer otra cosa es ser más ingenuo de lo que nuestra historia y nuestros precursores merecen. La otra derecha, esa derecha culta, ilustrada y europea que tanto podía aportar a nuestra tierra, a la serena convivencia y al progreso, está tan pisoteada y maltrecha como la dejara, hace ya muchos años, un generalito chusquero y sus secuaces. Todavía no se ha recuperado y con éstas, le costará otra larga temporada. ¿Quién blanquea a quién? De la izquierda ya hablamos otro día.
POSTDATA:
Y mientras esto escribía, vuelven a removerse en C´s. Se marcha Roldán y lo sustituye -¡Qué cosas, oiga!- Marcos de Quinto. Lo dicho, ya no hace falta el disimulo. Blanco como la leche ¡Y en botella!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)